16 marzo, 2006

La primavera


La primavera

No hay nadie que no haya estado alguna vez delante de un papel en blanco encabezado con este título. Todos nos hemos visto en la obligación escolar de rellenar una cuartilla con tópicos, entre los que no se podían incluir ni las alergias, ni el aviso de unos grandes almacenes que te dicen que ya ha llegado aunque te mueras de frío. Hay quien, hipnotizado por el epígrafe y el color, acabó rimando en asonante que era la primavera el mar de flores blancas de Navaconcejo a Cabezuela. Otros se ponen nostálgicos y repasan todas las revoluciones, desde aquel 14 de abril al 25 portugués, de la primavera de Praga al mayo francés, hasta que repara que unas fracasaron, otras acabaron mal y alguna es ya sólo un icono de saudades, melancolías y batallitas de abuelo. Hoy los jóvenes salen a las calles: unos para pedir dignidad en las condiciones laborales por las tierras de Francia, por aquí, será porque ya creen perdida la batalla contra la precariedad, intentan perder la poca dignidad que les queda entre botellones de alcohol. Hace justo tres años también empezó la primavera. Aquella vez vino acompañada de la búsqueda a bombazo limpio de unas armas de destrucción masiva. Hoy habrá quienes sigan sin darse cuenta de que, desde las favelas de Río hasta el Congo, el arma utilizada con mayor frecuencia para matar, mutilar y aterrorizar a personas inocentes es la simple pistola, un instrumento que no está sujeto a ningún tipo de normativa y que no llena ninguna portada. Cinco premios Nobel han iniciado una campaña en http://www.armasbajocontrol.org/ para conseguir regular un comercio mortífero. Tal vez la campaña no sea eficiente pero la mayor inutilidad es, sin duda, no hacer nada. Cada cambio de ciclo primaveral nos invita a renovarlo todo: ojalá los cerezos en flor del Valle del Jerte nos traigan, además de la belleza, tiempos de compromiso. http://javierfigueiredo.blogspot.com/

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