13 abril, 2009

La vida cultural


Leía la semana pasada una anécdota que le había pasado a un escritor en Extremadura y que mencionaba la tipología de los asistentes a actos culturales. Si uno es asiduo de conferencias y eventos similares, habrá podido comprobar que hay una fauna que se repite en diferentes ciudades. Por un lado están los que van a todas y nunca han osado levantar la mano en el turno de intervenciones. Son seres admirables, porque se supone que lo tienen todo claro y, además, no molestan ni hacen perder el tiempo a los demás. Luego están los que preguntan siempre, independientemente de que se hable de la flora amazónica o del churrigueresco. Es un grupo al que hay que proteger porque son pocos, suelen haber prestado atención y consiguen hasta sacar una frase ingeniosa del conferenciante más aburrido. Por otro lado tenemos a los que van a hablar de su libro y lo mencionan en su intervención aunque no tenga nada que ver con el tema tratado por el orador. Da igual que venga Maruja Torres o el doctor Estivill, porque siempre hay ocasión para mentar su tratado de árboles autóctonos publicado en el 89. No me olvido de los que van, están mirando las musarañas, hacen una intervención que causa vergüenza ajena y se acercan a la mesa al finalizar el acto para saludar al conferenciante, disculparse o las dos cosas. Si hay canapés se suman unos estómagos acompañados del resto del cuerpo. Pero lo que no puede faltar nunca es el tonto integral, el que conjuga impertinencia, falta de saber estar y mezcolanza de ideas peregrinas. Una buena taxonomía de nuestra vida cultural debería recoger otras especies. Seguro.


Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 13 de abril de 2009.

4 comentarios:

Juan Antonio Doncel Luengo dijo...

Estaba leyendo tu divertida columna y todo el rato pensaba: ¿a que se le olvida el tonto? Al final, lógicamente y teniendo en cuenta tu finura, ahí está.
También me parece que se podría hacer una taxonomía de los conferenciantes. Porque como hay tantos actos culturales las posibilidades son infinitas, pero las realidades no.
Por último, algunas veces he sospechado ser el más tonto, pero alguien, de repente, me ha sacado de mi sospecha y la ha transformado en que siempre hay alguien más tonto, lo cual es cierto consuelo, al menos para mí. Será que me pongo tonto.
Recuerdo la prodigiosa frase de Woody Allen: Prefiero estar callado y parecer tonto que abrir la boca y despejar las dudas.

Puntos de vista y ... nada más dijo...

Gracias Juan Antonio y te prometo una taxonomía de conferenciantes (aplicable al profesorado, especialmente universitario)La estulticia humana existe, no podemos remediarlo a corto plazo; la pena es que haya quien tiene poca vergüenza en hacer ostentación de ella.

Saludos

Hitos dijo...

¡Ea! a buscar estulticia. Luego vengo

Hitos dijo...

Ya me puedo acostar, que aprendí que es estulticia o tonteria. Aunque no son horas.

Por ahora voy aprendiendo a no sentir vergüenza ajena, que hasta hace poco parecía que era el tutor legal del tonto y lo pasaba fatal.