14 diciembre, 2005

Pobreza



La diferencia entre lo absoluto y lo relativo es determinante cuando se habla de riqueza y pobreza. La aparición de unas cifras oficiales han propiciado una representación teatral donde unos se rasgan las vestiduras, otros aíslan la cifra que les interesa para metérsela en el ojo del oponente político y otros asistimos a un espectáculo más centrado en reprochar pasados que en afrontar futuros. Todo depende del enfoque que se quiera dar a cada número, porque basta con poner todas las cartas sobre la mesa para darnos cuenta de que aquí, incluso los más pobres, seguimos perteneciendo a la aristocracia mundial, a ese grupo de países donde sólo 1000 millones de personas poseen y consumen mucho más que los 3000 millones de pobres de verdad.

Si acercamos el zoom podemos observar que el primer mundo está lleno de abismos internos: un huracán nos desveló que en los Estados Unidos había pobres de solemnidad y algunos programas televisivos nos han mostrado la vida que se sufre día a día en suburbios cercanos donde crece el cuarto mundo. Aparte de esos elementos fundamentales, cualquiera sabe que con los sueldos medios de Extremadura no se podría sobrevivir en Madrid. Eso no implica que seamos más pobres porque con mil euros mensuales en cualquier lugar de nuestra región se puede tener mayor poder adquisitivo que en la capital con casi el doble. Hay mucho de relativo en todo esto pero sí que somos la región en la que mayor porcentaje de gente recibe ayuda social, algo que puede leerse como que nuestros servicios sociales funcionan muy bien o como que nuestra economía tiene demasiadas zonas precarias.

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 12 de diciembre de 2005

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