02 septiembre, 2006

Hassan Hamadi

Hassan Hamadi es un chico libanés. Es el chico de la fotografía. Su cara está salpicada de las consecuencias de una bombas llamadas de racimo, que no deberían existir, y que Israel usa de forma ciega para intentar frenar el terrorismo de Hezbolá.

El 90 por cien de las agresiones israelíes con bombas de racimo ocurrieron en las últimas 72 horas del conflicto cuando estaba a la vista un alto el fuego. El Centro de Coordinación de Acción contra las Minas de Naciones Unidas ha identificado hasta ahora unos 400 zonas de impacto de bombas que están contaminados con hasta 100.000 pequeñas bombas sin estallar.

Los delegados de Amnistía Internacional en Líbano han encontrado muchas bombas de racimo sin estallar en los pueblos y, en algunos casos, dentro de las casas.


Las armas de racimo se esparcen por una amplia superficie
en forma de pequeñas bombas, muchos de las cuales no estallan con el impacto inicial. Por lo tanto siguen siendo letales para la población civil.

"Las bombas de racimo son de hecho minas antipersonales. Su uso generalizado en Líbano por parte del ejército israelí ya se está cobrando cientos de miles de víctimas entre los hombres, mujeres, niños y niñas que vuelven a sus casas. Estados Unidos, el principal suministrador de armas a Israel y a otros países, no debe proporcionar este tipo de munición y debe comprometerse a una moratoria mundial sobre su uso", declaró Kate Gilmore, de Amnistía Internacional.


Una misión de investigación de Amnistía Internacional que se encuentra actualmente en Líbano se ha entrevistado con algunas de las víctimas de bombas de racimo sin estallar entre los cientos de miles de civiles que vuelven a sus casas en el sur de Líbano.

Abbas Yusef Shibli de seis años, contó a los delegados de Amnistía Internacional cómo una bomba de racimo estalló mientras intentaba recogerla en el pueblo de Blida el pasado 26 de agosto. Desde su cama en el hospital, Abbas explicó que jugaba con tres amigos cuando intentó recoger lo que parecía un ‘frasco de perfume’. Abbas sufrió una ruptura del colon y de la vesícula biliar, una perforación pulmonar y una lesión en el nervio medial, y hasta ahora ha sido sometido a dos transfusiones de sangre. Los tres niños que jugaban con él también resultaron heridos, pero fueron dados de baja tras dos días en el hospital.


En la habitación contigua, Mahmud Yaqub, un pastor de 38 años, yacía con su pierna escayolada tras haber pisado una bomba de racimo. Mahmud explicó que perdió cuatro de sus 21 cabras durante los ataques israelíes porque no conseguían llegar al abrevadero. Rara vez durante el conflicto logró sacarlas y ahora, desde el alto el fuego, las bombas de racimo están esparcidos por las laderas donde pastaban normalmente.

En otro hospital, Amnistía Internacional visitó a Hassan Hussein Hamadi, el chico de la foto, de 13 años que sigue en coma tras una intervención quirúrgica. Su familia contó que el pasado 27 de agosto jugaba con sus cinco hermanos en el jardín delante de su casa en el pueblo de Deir al-Qanun al sur de Tiro cuando recogió una bomba racimo tipo bote que luego se le estalló, dejándole con sólo el dedo meñique de la mano derecha, y con lesiones graves en el hombro y el abdomen.

Podríamos seguir diciendo muchas cosas más y deberíamos hacerlo. Así que vamos a actuar con Amnistía

2 comentarios:

Anónimo dijo...

NO ESTARIA MAL QUE PUSIERAS ALGUNA FOTO DE LOS ISRAELITAS REVENTADOS EN LOS SUPERMERCADOS O AUTOBUSES POR BOMBAS (DE RACIMO O DE LO QUE SEA, LAS BOMBAS SON BOMBAS Y ESTAN HECHAS PARA MATAR). O HACER ALGUNA ANOTACION DE LAS ACTUACIONES DELICTIVAS DE HEZBOLA Y, SERIA PINTORESCO QUE REDACTARAS UN DECALOGO DE SUS IDEALES, ALOMEJOR QUE GUSTA TANTO QUE TE CONVIERTES A SU RELIGION.

Puntos de vista y ... nada más dijo...

Ya tuvve una religión impuesta y no pienso tener más. Lamento que seas incapaz de ser solidario con Hassan Hamadi. A mi no me cuesta nada serlo con cualquiera que muere de forma violenta. ¿y tú?