27 noviembre, 2006

El grito en el cielo

Algún día deberíamos darnos cuenta de que los más jóvenes no aprenden tanto de los mensajes que les decimos como de los ejemplos que les ofrecemos. Nos escandaliza que haya mafiosillos de colegio e instituto que amedrentan y hacen la vida imposible a los demás, que creen que ser más fuerte físicamente les da derecho a todo. Nos horroriza que la bronca, la pelea y el insulto sean moneda común y nos preocupa que la violencia esté absolutamente trivializada y, en algunos casos, hasta justificada. Seguimos sin saber nada de esos juegos de ordenador en los que los chavales matan y torturan virtualmente como quien se toma una caña. Intentamos decirles que todos son iguales independientemente de la fuerza que tengan, pero nos ven rasgarnos las vestiduras con las bombas de Corea del Norte sin mover una pestaña por las de Estados Unidos. De nada nos vale decirles que tengan una serie de valores éticos si el ejemplo de los mayores está plagado de hipocresías y dobles raseros. Nos quejamos de que no valoran el esfuerzo pero no caemos en que los llamados adultos sólo contabilizan los logros sin preguntar cómo se han conseguido. Nuestros jóvenes no hacen otra cosa que imitarnos, pero cuando los vemos no creemos estar ante un espejo sino ante un horrible esperpento. Desgraciadamente, hay una amplia base social que sigue justificando las razones del poderoso frente al ostentador de la razón. Por eso es urgente dejar de poner el grito en el cielo y empezar a ejemplificar en la tierra para transmitir que la violencia no tiene justificación alguna ni contra un colega de clase, ni contra la pareja, ni contra un país pequeño. http://javierfigueiredo.blogspot.com

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 27 de noviembre de 2006

1 comentario:

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo contigo, se dice una cosa y se hace otra. Por ejemplo se les habla de la importancia del esfuerzo y en televisión lo que más ven son vividores que han conseguido triumfar sin pegar palo al agua.