25 febrero, 2007

Cocina y política

Si hay algún campo semántico que se ha usado como contrapunto y fuente de metáforas de la política es el de la cocina y la alimentación. Cuando aparecieron los primeros partidos ecologistas en Alemania rápidamente se les identificó con las sandías porque eran verdes por fuera y rojas por dentro. Pero lo que son virtudes gastronómicas se pueden convertir en defectos: es así que los elogios del gazpacho por su pluralidad se convierten en razón para el denuesto al transformarse en corrientes críticas de opinión. Tampoco escapan a los paralelismos los utensilios de cocina y quien peor fama ha ganado es el rodillo, que sirve para amasar mayorías absolutas parlamentarias – no siempre buenas – a cambio de aplastar cualquier atisbo de diálogo o consenso. Sólo hay un elemento que haya alcanzado el honor de convertirse en ley: el embudo. Se caracteriza por tener un parte ancha que permite moverse con soltura a lo que está arriba y que se estrecha a medida que se va bajando. Sus aplicaciones son numerosas y hay algunos que se han convertido en maestros a la hora de tener manga ancha para sí mismos y ser minuciosamente fiscalizadores con los demás. Sus partidarios tienen una memoria selectiva que les permite acusar y denunciar a los demás por obrar de la misma forma que ellos hicieron, odian las hemerotecas y hacen del cinismo una forma de fe. Si el trasvase terminológico entre cocina y política sigue su curso, sería deseable empezar a escuchar algo sobre la deconstrucción del consenso, pero todo parece indicar que va camino del clásico pasapurés o la moderna thermomix.

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 26 de febrero de 2007

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hombre,imagina en la realidad portuguesa el "salazar" que sirve para hacer tartas y para bater natillas...
Un abrazo.
Luís Leal

Puntos de vista y ... nada más dijo...

Mia Couto poderia dizer que Salazar foi o azar do sal