29 julio, 2008

Trenes para todo


Ayer lunes podíamos leer un interesantísmo reportaje en EL PAÍS. Nada nuevo, porque cualquiera que haya leído un poco del asunto se podía imaginar que las cosas llevaban muchos años haciéndose mal. En 1983 alguien decidió que el ferrocarril, en el que no se había invertido en décadas, era poco rentable y empezó a cerrar líneas. Probablemente era verdad esa falta de rentabilidad económica, pero no se pensó en la posibilidad de revitalizar unas líneas que debría ser vitales para cualquiera que mirase un mapa.

Es por eso que me encuentro a jóvenes alemanes, italianos o suecos en la estación de Mérida, que viajan con inter-rail, y que quieren recorrer desde Sevilla hasta Oviedo todas las maravillosas ciudades de este itinerario. Cuando les explico sobre su mapa que para ir de Plasencia a Salamanca deben pasar por Madrid no dan crédito a lo que digo. Una vez me preguntaron si es que nunca habían construído la línea y su perplejidad fue mayor cuando les expliqué que sí había pero la cerraron.

Mi preocupación es que el error de 1983 se está haciendo cada vez más profundo: se ha apostado por un transporte de ferrocarril pensado para ejecutivos de empresas en viajes de negocios, que quieren ahorrarse la hora previa de embarque, la facturación y los traslados desde los aeropuesrtos hasta los centros de las ciudades. El AVE mata al ferrocarril, no articula el territorio y no disuade de usar el coche. Una modernización de las líneas habría permitido que nuestros trenes alzanzaran velocidades altas, por encima de los 200km. hora, a un precio más asequible y con la posibilidad de vertebrar el territorio no sólo de forma radial sino transversalmente. Lo triste es que en el año 2020 el ferrocarril no será el medio de transporte esencial de Extremadura ni de España. Y eso es muy triste y hasta peligroso. Porque no podemos seguir dependiendo del vehículo particular para todo.

2 comentarios:

Alicia Vernok dijo...

Totalmente de acuerdo.

@gus dijo...

Cuanta razón tienes. Iba a decir que al desaparecer los trenes perdemos también una forma de ver los paisajes, pero qué demonios, si dentro de muy poco ya no quedarán paisajes que merezca la pena ver.

Saludos.