02 marzo, 2009

El precio de la cultura

Creo que habré visitado el teatro romano de Mérida más de cincuenta veces: de día, de noche, en grupo, para ver obras de teatro o traduciendo las explicaciones de algún experto. Así que, aprovechando que no tienen colegio el martes de carnaval, pensé que sería interesante que mis hijos conocieran un lugar tan importante y tan cercano. Me puse en la cola para sacar las entradas y ya sabía que a los adultos nos iba a costar entrar por ver un monumento que habíamos visto infinidad de veces, pero merecía la pena pagar siete euros cada uno y poder explicarles a los niños un poco de nuestra historia e ir inculcándoles el hábito de visitar museos y monumentos. En la taquilla me dicen que el niño, de nueve años, tiene que pagar de seis euros. Dejé en la ventanilla mis veinte euros y, mientras me picaban la entrada, caí en la cuenta de que es bastante descorazonador que un niño de nueve años, al que quieres empezar a trasmitir el gusto por la arqueología, tenga que pagar mil pesetas por una actividad educativa que no sólo no debería ser costosa sino que debería incentivarse. Lo más sangrante es que los precios también tienen su lado más oscuro y, aunque el artículo 14 de la constitución dice que no puede prevalecer discriminación alguna, los seis euros se convierten en tres dependiendo de si resides en Mérida o en Calamonte. Me parece bien que se pague por la cultura, que nos acostumbremos a rascarnos el bolsillo, de forma simbólica, cada vez que disfrutemos de nuestro patrimonio cultural, pero cobrarle seis euros a un niño de nueve años por entrar al teatro es cualquier cosa menos edificante.

7 comentarios:

Los viajes que no hice dijo...

Y yo qué quieres que te diga. Estoy en modo ahorro, viene una amiga a verme y me van a escocer un huevo los 13 eurazos que vamos a pagar cada una, porque encima invitaré yo, así que serán 26, por poder acceder a los monumentos de Mérida.

Y a mí siempre me ha parecido bien que, ya que dañamos los monumentos, que se pague. Pero que se pague una cantidad simbólica, para que todo el mundo pueda acceder. Y los niños, por supuesto, gratis.

Ahora tienes que escribir otro mensaje para contarnos si a Marcos le gustó...

Puntos de vista y ... nada más dijo...

La verdad es que da para un debate. ¡Qué pena que no haya programas en los medios para abordar estas cosas! ¿Debe ser gratis la cultura? ¿Hay que poner todo bien caro para que la gente lo aprecie? ¿Debemos acostumbrar a los niños a ir a los museos y visitar los monumentos? ¿Deben pagar por ello?

A Marcos le gustó regular, pero la verdad es que me entró un poco de cabreo e indignación y ya estaba "mal dispuesto" y con un mal clima. Pero me parece que es importante que se vayan acostumbrando a estas cosas, aunque en época de crisis nos lo ponen difícil con estos precios.

Amigo de la Dialéctica dijo...

Hola amigo:

Es bueno que de estas cosas se hable y se denuncien este tipo de abusos en los blog. Es una pena que los MM.CC. no se hagan eco de este tipo de tropelías. La cultura debe de ser gratis. Además deben de articularse formas ingeniosas de financiarla.

Recibe un muy fuerte abrazo amigo.

Puntos de vista y ... nada más dijo...

Javier,

Yo creo que no debe ser GRATIS TOTAL para todo el mundo. Hay que poner siempre un precio, algo, aunque sea simbólico, para que reparemos en que las cosas cuestan.

Eso sí, entiendo que una persona menor de 16 años está en proceso de aprendizaje obligatorio. Por lo tanto NO SE LE PUEDE COBRAR A UNA PERSONA DE ESA EDAD por hacer aquello que deberíamos aplaudir: interesarse por la cultura. ¡¡Es como si a mi hijo le cobraran tres euros por sacar un libro de la biblioteca escolar!! ¿Estamos más preocupados en recaudar o en difundir?

De todos modos, es un buen asunto para un debate- ¿Debemos poner precio a la cultura?

José María Durán Gómez dijo...

Seré el abogado del diablo. No, la cultura no tiene que ser gratuita. Hay que pagar por sacar un libro de la biblioteca (¿un video del videoclub no es cultura?). Otra cosa es que sea gratis ciertos días (pocos, el Día internacional de los Museos, el de la fiesta del pueblo y alguno más) o que sea gratis para los niños de hasta tres años, por ejemplo. ¿Es gratis el circo? ¿el cine? Creo que soy progre (si eso quiere decir hoy algo) pero no entiendo la manía esa de cultura gratis. Mucho más importante que los libros (ojo, que soy profesor) es la ropa, el calzado y los tomates. Y a nadie se le ocurre pensar que la comida tenga que ser gratuita. Cóbrese sí, y dispongamos de excelentes instalaciones culturales. Y no me vengan con demagogia: gratis para quien lleve el carné de parado. También sé que únicamente los necios confunden valor y precio.

Puntos de vista y ... nada más dijo...

Chema. Uno siempre duda de si es uno de esos necios que confunden valor y precio. He escrito más de una vez que me parece fatal lo de "libros de texto gratis". ¿Por qué no la leche? Pero debemos poner cada cosa en su sitio. Yo creo que los museos y monumentos artísticos deberían ser lo más accesibles a las personas que están formándose.

Luís Leal Pinto dijo...

En un mundo idílico, en que la cultura es algo inherente a la ciudadanía, un derecho casi genético, más allá de constituciones, la cultura nunca podría tener precio pues es del dominio del humano de lo que es patrimonio colectivo.
Verdad que opino lo mismo que vosotros, que en el mundo real las cosas para que tengan el debido valor no pueden ser gratis. Hay un refrán portugués que tiene mucho que ver con el do asunto: “Cuando la limosna es grande, el santo desconfía”. Quizás pasa lo mismo con muchas cosas de índole cultural…
Pero incluso en temas culturales hay un gran afán de lucro, sea con un niño de 9 años que quiere crecer accediendo a la cultura de sus antepasados, o sea alguien que le encanta la música o el cine, con cánones digitales y otros impuestos que refuerzan el lucro de compañías y no de los verdaderos artífices de la cultura, los artistas.
Por eso veo un gran contradicción en el tema, incluso en mi manera de “consumir” cultura, algo que está lejos de una conclusión y si que todavía necesita de unas cuantas páginas de una disertación que terminará como empezó, que la cultura en tiempos de crisis no llena la barriga a nadie y, como dice, la biblia, “ni solo de pan vive el hombre”.
De una cosa estoy seguro, seguiré amando los libros, su olor, todo los símbolos culturales a que puedo acceder… pero no soy hipócrita en decir que no conozco las casi infinitas posibilidades que tiene internet…
Un abrazo Javier!