28 septiembre, 2009

Educar con redes sociales




Si nos dejáramos llevar por el miedo y pensáramos que cada invención humana tiene una vertiente de uso negativo, hoy estaríamos en las cavernas. Hubo quien se negó a que el tren pasara por su pueblo para evitar los atropellos y hay quien no se mete en un avión para no estrellarse. No hay nada que no esté carente de peligros. En la escuela nos obligaban a usar tijeras redondeadas para evitar pincharnos, pero a nadie se le ocurrió que hiciéramos los trabajos manuales con los dientes. También utilizábamos pegamento y, a pesar de que alguno lo olía de manera sospechosa, nadie pensó que pegáramos los palillos en la cartulina con harina y agua. Tuvimos una asignatura llamada electricidad aunque alguien pudiera electrocutarse y disfrutábamos de ventanas, aunque alguno tuviera ligeras tendencias suicidas. Y pasó el tiempo. Las aulas se llenaron ordenadores y una red los conectaba con el mundo. Todo se disfrazaba de modernidad combinando números con puntos y ceros. Llegó la política 2.0, la salud 3.0, la ciudadanía 4.0 y hasta la educación 5.0. Y hubo quien creyó en estas cosas. No muchos, para que vamos a engañarnos. Algunos soñaron con compartir el aprendizaje con colegas a miles de kilómetros, con establecer una vinculación que superara el espacio de las cuatro paredes e interconectar a quienes se están formando a través de redes sociales en internet. Y es entonces cuando alguien decide desconectar las aulas de esas redes en la que sólo ven peligros y ninguna de sus inmensas posibilidades. ¡Qué le vamos a hacer! Siempre hubo quien pensó que las tijeras eran un arma blanca y no una herramienta de trabajo.

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