09 noviembre, 2009

Trato humillante


No hay nada como que alguien importante se vea en la obligación de sufrir lo que le pasa al común de los mortales. Estamos hartos de ver en la televisión a personas que son esposadas, introducidas en coches policiales empujándoles la cabeza y con una bolsa de basura para sus enseres personales. Y le ha tenido que pasar esto a unos de la alta sociedad política para caer en la cuenta de que es un trato humillante. Y ahora lo comentan todos, incluso aquellos a los que nunca se les escuchó hablar de presunción de inocencia y protección de la reputación personal mientras el detenido era un camello de barrio. Si es un trato humillante aparecer en televisión de esa guisa, estamos ante la mejor ocasión para elaborar protocolos que traten a todos por igual, a los de alta cuna y a los de baja cama.

Y visto que es necesario que alguien importante sufra para que nos demos cuenta de lo que hay, estoy deseando que un diputado o un famoso español sea detenido en Buenos Aires, Caracas o São Paulo, sea humillado y tratado con desprecio, le pregunten dónde se va a quedar durante su estancia y lo pongan de patitas en la calle si osa decir que va a casa de un familiar o amigo. Pensarán que soy una mala persona por expresar ese cruel deseo, pero sé que es la única manera de evitar lo que está pasando en Barajas los últimos meses, donde argentinos, venezolanos y brasileños son tratados como presuntos delincuentes y sometidos a interrogatorios, mientras que a estadounidenses y canadienses se les deja pasar con toda la confianza del mundo. Permítanme que me calle mi opinión sobre la llamada madre patria.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 9 de noviembre de 2009.

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