29 noviembre, 2010

Historias del tren


Me voy a atrever a decirlo y que no me pase nada: lo que se está haciendo con los trenes en este país es una locura y un despropósito. Ya está. No puede ser que vayamos a tener más líneas de alta velocidad que ningún país del mundo, con billetes a unos precios prohibitivos para la mitad de la población, y con unos trazados que insultan a cualquier ser racional. ¿Saben que Ciudad Real y Toledo tienen AVE pero no están conectadas entre sí a pesar de ser provincias limítrofes de la misma región? ¿Saben que Plasencia y Salamanca, a poco más de 130 km, estarán unidas por tren a través de Madrid dando una vuelta de más de 400 km?  Les aseguro que con lo que se ha gastado en trenes de altísima velocidad desde hace 20 años, y con lo que se va a invertir en los próximos 20, tendríamos para arreglar toda la red, cambiar el ancho, poner dobles vías, electrificarlas, llenarlas de material que circulara a más de 200km/h, interconectar la península en forma de red y llevar el ferrocarril a zonas a las que nunca llegó. Pero no. Se ha optado por hacer trenes de lujo para ejecutivos, de esos que nunca se pagan el billete de su bolsillo. El mismo día que se inaugura el AVE a Valencia desaparecen los talgos de Extremadura, unos trenes que ya nos llegaban aquí con décadas de retraso. Y por si esto fuera poco, a los escasos usuarios del ferrocarril en Extremadura nos tratan  peor que al ganado: a partir de enero viajar a diario entre Badajoz y Mérida se puede poner en unos 150 euros mensuales, justo el doble de lo que le cuesta a un asturiano hacer lo mismo entre Mieres y Gijón. ¿Me pueden explicar todo esto?

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 29 de noviembre de 2010.

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