10 enero, 2011

Vale

En la televisión portuguesa había un humorista que imitaba a los españoles diciendo constantemente la palabra “vale”. Luego fui reparando y me di cuenta de que, quizá inconscientemente, nuestras conversaciones están plagadas de esas cuatro letras, que ya han perdido por completo el sentido latino que exhortaba a cuidarnos en salud, y que se usaba como colofón de todas las cartas. Hoy sirve para todo. Los padres lo usan de forma intermitente y remarcando la primera sílaba cuando sus hijos pequeños no dejan de joder con la pelota, como diría Serrat. Una señora en el tren respondió catorce veces con la palabrita a una llamada en su móvil. Incluso los llamados Reyes Magos también han empezado a abusar de la expresión y dejan sobres en cuyo interior se puede leer algo tan prosaico como “vale por un jersey”. Así que las tiendas se han llenado este fin de semana de quienes querían convertir el cartoncito o la tarjeta de regalo en una prenda de abrigo de lana. Más gente que nunca, menos personal para atender y los mismos precios de siempre, lo que implica que alguien se debe de estar aprovechando de la coyuntura para aumentar sus beneficios. De regreso a casa veo que CNN+ se ha convertido en un escaparate de niñatos, y que en casi todas las cadenas hay unos cuantos fascistas detrás de unas mesas diciendo sin complejos cosas que avergonzarían al mismísimo Francisco Franco. Así que he cogido el mando a distancia y he eliminado un montón de canales de la TDT, incluyendo a Telecinco, atendiendo a las recomendaciones de la Organización Mundial para la Salud Mental. También yo tenía derecho a decir basta. ¿Vale?

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