26 agosto, 2013

Dignidad y aburrimiento

No hace mucho tuve que escribir sobre algunas estúpidas normas que nos rodean y el otro día se sumó una nueva a la colección: impusieron una multa de 100 euros ados integrantes del “Campamento Dignidad” de Plasencia por repartir octavillas. Al principio no daba crédito a los titulares de la noticia, pero la indignación llegó a mayores al leer la letra pequeña y saber de la existencia de una ordenanza que penaliza a quien esparza o distribuya cualquier tipo de papel escrito. Me pregunto quién redactó el citado artículo y qué retorcida debería ser su mente para castigar con la misma pena a quien arroja folletos al suelo y a quien los entrega en mano a los viandantes. Imagino que si el leguleyo hubiera sido de los que se batió el cobre por la democracia, repartiendo pasquines impresos en aquellas míticas multicopistas vietnamitas, no habría osado incluir tanta sandez en una norma que no tiene nada que ver con la limpieza y sí con las cortapisas a la libertad de expresión.


Quizá era alguien que estaba aburrido y ya sabemos que de ahí vienen muchos de los males del mundo moderno: tengan un ustedes un vecino jubilado y sin aficiones y verán que enseguida se convierte en el pejiguera de la comunidad de propietarios. Lo malo es que algunos no tienen límites, como unos chicos de Oklahoma que se han cargado a un australiano porque no tenían otra cosa que hacer. Sí, ya sabemos que no son casos comparables, pero convendría que el aburrimiento no le hiciera perder la cabeza a nadie, ni para asuntos tan graves, ni para multas tan indignas como las que en Plasencia no difieren al que ensucia de quien pretende difundir sus opiniones.

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 26 de agosto de 2013.

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