06 mayo, 2015

Representar y gobernar

Mañana por la noche se abrirá la campaña electoral para las elecciones del 24 de mayo, en las que tendremos que poner un sobre blanco en una urna y otra de color sepia en regiones como Extremadura. Mucha gente piensa que ese día se elegirán alcaldes y presidentes de comunidad autónoma, pero en el exterior de los sobres encontramos la palabra concejales para las elecciones municipales y referencias al parlamento de cada región . Así que, en su momento, alguien decidió que el mejor método de escoger a nuestros gobernantes era de manera indirecta, que eligiéramos a los integrantes de un pleno o un parlamento de entre los que saldría la persona encargada de gobernar. Y lo hicieron presuponiendo que las personas que obtuvieran sus actas de concejales o diputadas serían capaces de formar ejecutivos en favor de los intereses de la mayoría social y no de las estrategias de sus partidos, dando por sentado que gobernar sumando piezas de distintos colores podría agradar a un número mayor de votantes.

Proponer cambios en las reglas del juego es un ejercicio saludable, especialmente cuando se llevan muchos años con las mismas y se han visto ciertos defectos. Lo que ocurre es que los cambios podrían estar dirigiéndose en un sentido diametralmente opuesto al de la profundización democrática. En Extremadura han sido demasiados los políticos de renombre que han apostado por la concentración del poder del ejecutivo aunque fuera a costa de que la representación popular se viera deformada: reducir el número de diputados es una manera de dejar voces fuera y de oscurecer todavía más el reflejo de la sociedad se le supone a un pleno municipal o una cámara parlamentaria.

¿Podríamos tener un parlamento más barato con el mismo número de diputados? Pues por supuesto que sí. Y además, podría expresar mucho mejor la realidad del pueblo extremeño. Una de las primeras medidas podría ser que solo los miembros de la mesa y los presidentes o portavoces de grupos parlamentarios tuvieran una dedicación exclusiva, cambiando los horarios de la actividad parlamentaria para que una autónoma, un maestro, el dueño de una tienda o una cooperativista pudieran ser la voz en el hemiciclo y allí se tuviera un conocimiento en primera persona de lo que ocurre en la calle. Porque muchos de los males que nos aquejan provienen, precisamente, de la distancia con que se ven los problemas de la gente cuando el día a día de quienes ocupan un escaño es tan diferente del que padecen el resto de los mortales.

Hace cuatro años casi todos los diputados extremeños se profesionalizaron con una cantidad cercana a los 5000 euros brutos al mes. Los nuevos tiempos no requieren disminuir el número de personas que nos representan sino el dinero que cobran y la relación que tienen con sus representados. Quien crea que se gobierna mejor con un rodillo que con el diálogo entre las distintas fuerzas está haciendo una declaración de intenciones. Y no siempre buenas, por cierto.

Publicado en el diario HOY el 6 de mayo de 2015

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