13 enero, 2016

Entre Cervantes y Maquiavelo


Durante algún tiempo me empeñé en creer que en política no eran tan importantes los sujetos como los complementos directos, que daba igual quién llevara a cabo las tareas porque lo fundamental era que las cosas se hicieran. El argumento tenía sus peligros y me traía a la memoria aquella frase de Deng Xiaoping que tanto gustó a uno de nuestros gobernantes: gato negro, gato blanco, lo importante es que cace ratones. Desde hace unos años circula por internet un vídeo con la voz de fondo de Tommy Douglas en 1962. Cuenta la historia de unos ratones que siempre votaban a unos gatos negros que dictaban leyes en su propio beneficio.  Los ratones optaron por cambiar su voto y auparon al poder a los gatos blancos con resultados similares. No les desvelaré el final de la historia, que podrán encontrar fácilmente por las redes. La experiencia nos dice que a veces los gatos azules se portan como gatos rojizos y viceversa, y que si los roedores no toman las riendas de sus vidas jamás van a encontrar protección en los felinos. También hemos aprendido que unas leyes teóricamente buenas pueden convertirse en nefastas si son tergiversadas por reglamentos o aplicadas atendiendo más a la letra que al espíritu.

A la hora de gobernar y de elegir a quien ha de guiar nuestro barco, tenemos que pensar detenidamente en los complementos indirectos, en las personas a las que se va a beneficiar con una determinada ley, y en las que podrían salir perjudicadas. El difícil equilibrio de gobernar para todos se torna poco menos que imposible y probablemente no es cosa nueva. Repasando uno de esos capítulos que nos dejó Cervantes, del que se ha hablado mucho en este periódico durante los últimos días, encontré estos consejos de Don Quijote a Sancho para gobernar su ínsula: “Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia, que las informaciones del rico. Procura descubrir la verdad por entre las promesas y dádivas del rico, como por entre los sollozos e importunidades del pobre. Cuando pudiere y debiere tener lugar la equidad, no cargues todo el rigor de la ley al delincuente, que no es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo.”


Me temo que gobernar bien es saber elegir a quién se beneficia con cada norma dictada. Ahora que lo de “Hacienda somos todos” es un eslogan publicitario y no una manera de entender lo público, ahora que en la fiscalía se transportan los papeles en un carrito distraído del Mercadona, ahora que los banqueros e inversores se preocupan de una seguridad jurídica que jamás tuvieron los hipotecados, los preferentistas, los despedidos, los prejubilados con cuatro perras, los emigrantes forzosos o los pensionistas mendicantes, ahora es cuando llega el momento de reclamar a nuestros políticos que lean más a Cervantes que a Maquiavelo. Porque nunca es mejor ser temido que ser amado, y siempre será admirado quien se preocupó por los más débiles.

Publicado en el diario HOY el 13 de enero de 2016

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