05 abril, 2017

El sentido práctico de la vida




Cuando uno se acerca al fichero de una biblioteca suele ir buscando un autor, un tema o incluso un título bien conocido. Son pocas las ocasiones en las que uno se deja guiar por un título sugerente, sin saber si ya se ha publicado o todavía anda a la espera de quien lo escriba. Un sinfín de circunstancias me hizo teclear “El sentido práctico de la vida”, con la esperanza de hallar un manual, una obra de autoayuda, una novela aburrida, una tesina de psicología o un poemario de ripios. Lo más parecido que encontré fue la mítica película “El sentido de la vida” de Monty Python y una sesuda obra de Pierre Bordieu que se quedaba en “El sentido práctico”, pero me temo que juntando las dos obras no obtendré lo que voy buscando.

Así que, de momento, no hay nada publicado para solventarnos muchos de los problemas con los que tenemos que lidiar y que, en más de una ocasión, se resuelven con algo tan simple como no complicar lo fácil. El mundo está lleno de asuntos de muchas aristas, con raíces profundas y con ramificaciones por todos los lados, de ahí que sea imprescindible un aprendizaje colectivo que nos permita ser más eficaces, más prácticos, más directos y menos burocráticos.

Lo que algunos buscamos en el sentido práctico de la vida es que las reuniones no se hagan eternas y vayan al grano, que los discursos no sean palabrería vacua, que no sean necesarias toneladas de papeles para asuntos simples, que no tengamos que poner tantos filtros y tantos controles para evitar corruptelas, porque significará que nos sobra ética a raudales para poner por delante de cualquier tentación.

En esta carrera de complicar lo sencillo podemos acabar siendo víctimas de nuestros propios monstruos: los profesores se quejan de que cada vez tienen que resolver más burocracia en lugar de dedicarse a enseñar, por no hablar de los trabajos en los que contar y reportar lo que se lleva a cabo requiere casi tanto tiempo y tanto esfuerzo como el trabajo en sí mismo.

Pero si hay algo que me demuestre la desmedida que ha alcanzado nuestra falta de sentido práctico de la vida es cuando nos enteramos de que la Audiencia Nacional, un tribunal excepcional que debe protegernos frente a los mayores crímenes y las mayores amenazas de nuestra sociedad, está perdiendo el tiempo analizando si los chistes que alguien ha escrito en los últimos años suponen un enaltecimiento del terrorismo. Alguien me contaba que es como si en el mejor quirófano del más moderno hospital se estuvieran dedicando a quitar el dolor de cabeza causado por la resaca. 

Hubo un tiempo en el que admiraba a quienes sabían resolver las situaciones más enrevesadas. Hoy, en cambio, creo que el mayor de los héroes es aquel que, sin caer en la simpleza, se dedica a no complicar las cosas más de lo que están: el sentido práctico de la vida.

Publicado en el diario HOY el 5 de abril de 2017 


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