Una enfermedad recorre el mundo.
En un siglo en el que viajar a otra parte del planeta ya se puede realizar en
un santiamén, surge desde las entrañas de lo más putrefacto un comportamiento
más propio de esos moluscos que se cierran a cal y canto para que nada ajeno se
les acerque. Salir de nuestro mundo es el mejor antídoto para no desarrollar
patologías graves a causa de excesos de contemplación umbilical, que es la
forma pedante de denominar a eso de mirarse el ombligo. Aunque la academia no
ha recogido todavía el término “alterofobia”, parece necesario que
vayamos haciéndole un hueco porque se está instalando como un troyano en
nuestro sistema operativo.
Nos hemos enterado de que hay un
programa de lengua y cultura en una localidad del norte de Extremadura y que debe
eliminarse para conseguir que Extremadura sea gobernable. Todavía no he leído
las razones científicas, educativas, culturales y humanas que vinculan la
eliminación de un programa que no cuesta nada al erario público, que favorece
la cultura y el conocimiento, que amplía las capacidades comunicativas de
personas que se están educando y que no interfiere ni un segundo en el proceso
de aprendizaje de quienes no deseen participar en el mismo.
Si no hay ninguna razón científica y objetiva para que ese programa deba desaparecer, tendríamos que plantearnos varias cuestiones. ¿Hay un informe técnico profesional que aconseje su eliminación o mañana puede venir otra propuesta que pretenda suprimir el cero de nuestro sistema de numeración por ser un invento que nos trajeron los árabes? ¿Volvemos a los números romanos para evitar esta invasión de guarismos magrebíes en nuestras hojas de cálculo? ¿Habremos de suprimir el resto de programas de lenguas y culturas de otros países que también se desarrollan en Extremadura y son pagados por entidades extranjeras? ¿Afectará también al concierto que Extremadura tiene desde 1996 con el British Council o este lo dejamos pasar porque nos conviene y las profesoras tienen tez blanca y ojos azules?
El pasado domingo se publicaba en este diario un artículo de Adel Najjar con referencias históricas, lingüísticas y culturales que han determinado la influencia árabe en todos los pueblos, reinos y estados que se han ido sucediendo en el territorio peninsular, desde el año 711 hasta nuestros días. La capacidad humana de comunicarse ha tenido miles de expresiones diferentes a lo largo del tiempo y por todos los rincones del planeta. La variedad de códigos puede verse como un impedimento para la comunicación, pero hay quienes lo vemos como una de las maravillas de la diversidad humana. Las distintas maneras de expresarse forman parte de un patrimonio cultural intangible y que debe ser respetado, cuidado y difundido. El mismo esmero con el que restauramos templos o excavamos yacimientos prehistóricos, tartésicos, romanos o almohades es el que deberíamos aplicar para que no se pierdan los patrimonios culturales inmateriales.
Ojalá no llegue al diccionario la palabra “alterofobia”, que sea innecesaria porque deje de existir el odio a lo que es diferente y hayamos aprendido a abrir los brazos y la mente, como cantaba Robe Iniesta. “Ojalá” nos llegó al castellano del “wa šá lláh” del árabe, como el ocho por ciento de nuestro vocabulario.
Publicado en el diario HOY el 13 de mayo de 2026
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