08 octubre, 2005

Las protestas y sus formas

Las protestas y sus formas


Una de las premisas básicas que debiera tener cualquier protesta ciudadana es la de intentar ganar adeptos en lugar de acumular damnificados. Hay una diferencia entre hacerse oír y molestar con un ruido que puede hacer oscurecer la transmisión del propio mensaje. Ni que decir tienen que la violencia desautoriza moralmente a quien la ejerce, tanto si es física (puñetazos, pedradas, etc.) como si es de otro tipo (chantajes, amenazas, abusos de poder, etc.) Teóricamente llevamos 30 años sin dictadura y las reglas del juego deberíamos saberlas de memoria, pero siempre hay quien, por un lado o por otro, pretende reescribir las normas de acción democrática que se suponen muy simples: Tener siempre la misma vara de medir independientemente de si se está en el poder o en la oposición, anteponer la libertad de expresión a cualquier tipo de conveniencia coyuntural, desterrar cualquier tipo de violencia y permitir cualquier forma de protesta, desde la rupestres a las cibernéticas, sin más cortapisa que la de proteger la integridad de las personas. Ahora que ya nadie insulta a otro llamándolo pancartero es buen momento para plantearse que las explicaciones claras, pausadas y razonadas pueden ser más fructíferas que el insulto, la algarada y las molestias inútiles. Protestar es una de las grandezas de la libertad que no podemos ni cercenar ni adulterar.


Javier Figueiredo

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