16 noviembre, 2005

Investigar y nacer


Nacer en Extremadura y tener vocación para la investigación fue históricamente una tarea difícil: antes de la creación de la Universidad extremeña era casi obligatorio afincarse en tierras lejanas, al norte o al sur, para intentar sacar el máximo jugo a los conocimientos y abrir nuevas sendas en cualquier campo de las ciencias o de los saberes humanísticos. Hoy las cosas han cambiado bastante y ya existen investigadores que, pese a la carencia de medios, logran abrirse paso y destacar internacionalmente. Todavía quedan muchos pasos que dar y como agua de mayo ha venido la promesa electoral de dar cobertura social y laboral a los que ya todo el mundo llamaba precarios (en lugar de becarios) de investigación. Ahora son también las Cajas de Ahorros, las instituciones y algunas empresas las que empiezan a dar el valor que esta tarea tiene para el progreso de una tierra.

A pesar de todos los avances, las posibilidades para nuestros jóvenes brillantes serían muy escasas de no ser por la labor de instituciones privadas, como la Fundación Valhondo-Calaff, que llevan ya muchos años dando la oportunidad a los extremeños más prometedores pero sólo de una provincia. Aunque parezca mentira, las escasas posibilidades para investigar en Extremadura se pueden ver disminuidas en función de si naciste en Valencia de Alcántara o en San Vicente de Alcántara. Si este tipo de discriminaciones se diera en Álava o en Tarragona ya habrían sido portada de los telediarios, pero como se trata de una realidad muy cercana basada en el legítimo y legal derecho a ser provinciano que tiene toda fundación privada, no nos queda más remedio que callarnos. ¿O quizá no?


Javier Figueiredo

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