11 febrero, 2007

Urgente


Una de las distinciones básicas de la vida diaria es la que existe entre lo importante y lo urgente. A veces las cosas más importantes no nos parecen las más inmediatas y puede ocurrir que el día a día relegue al olvido lo fundamental. Algo así está ocurriendo con el calentamiento global del planeta, un asunto que hasta ahora sólo era importante y que, desgraciadamente, sólo comenzaremos a afrontar seriamente cuando las olas del mar alcancen los soportales de los hoteles de primera línea de playa. Ya hemos visto las imágenes de las masas de hielo polares derritiéndose cada vez más deprisa y no es sólo la fría cifra de un científico despeinado. Estamos entrando en momentos de urgencia y nuestro problema es que hay quien no ve relación entre su día a día y el problema común de la humanidad, hay quienes creen que sus acelerones en el semáforo no tienen nada que ver con que los tres últimos veranos hayan sido de los más calurosos jamás registrados. No cabe duda de que los gobiernos pueden hacer mucho para evitar el desastre pero también podríamos plantearnos cómo ayudar a hacer del planeta Tierra un lugar habitable: usar transportes públicos, ahorrar energía, entender la austeridad como una nueva forma de salvación individual y colectiva. Es una lástima que muchos sólo hayan empezado a plantearse algo cuando han visto un documental gore en el más amplio sentido del término. “Apagar la luz cinco minutos no sirve para nada” – dicen algunos con aire altanero. Tal vez tengan razón y los gestos sean poco eficaces, pero lo que a buen seguro resulta inútil es hacer ese tipo de comentarios que esconden complicidad.

1 comentario:

Luís Leal Pinto dijo...

Desafortunadamente lo que es urgente es, casi siempre, considerado acesório... por lo menos a lo que al medio ambiente respecta... esa imagén es muy fuerte...
Un abrazote