20 mayo, 2007

Maneras de votar

Los antiguos trenes expresos fueron una fuente de sabiduría que RENFE acabó por desarticular. En un viaje nocturno desde la periferia hacia el centro coincidimos con un chaval que estaba haciendo la mili y que provenía de un barrio de clase social media-baja, una madre con un hijo de unos tres años y un señor que roncó entre Burgos y Valladolid. La conversación acabó entrando en terrenos políticos y la madre mostró su asombro al escuchar la teoría política de aquel joven: había que votar a quienes tuvieran dinero, a los más ricos. El resto de los viajeros intentamos hacerle ver que quizá esas opciones políticas no iban a preocuparse mucho por los problemas de la gente como él. Desde entonces me he dado cuenta de que hay muchas formas de votar: tenemos a los que votarán a su partido de siempre, aunque tenga candidatos mediocres o haya tenido una gestión corrupta; otros no votan a favor sino en contra de alguien. Luego están los que votan distinto en función de la elección: son los que pueden optar por un partido para las nacionales, otro para las autonómicas y un tercero en las locales, donde la lógica de las siglas es superada por las buenas (o pésimas) relaciones personales. También tenemos a quienes votan sopesando los programas electorales, viendo cuáles defienden mejor sus intereses personales y colectivos, pero son tan pocos que muchos partidos ya ni siquiera se dirigen a ellos. Será por eso que las coaliciones gastan y gastan para tener presencia visual y parecer los más ricos. Quizá aquel chico del tren expreso, con su razonamiento simple, estaba haciendo teoría política del siglo XXI. ¡Qué pena!

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 21 de mayo de 2007