04 junio, 2007

Una persona, un voto

El sufragio universal, el equiparar a cada persona con un voto de igual valor independientemente de su condición social o su nivel de formación, había pasado por ser uno de los grandes logros de las democracias modernas. Pero los grandes principios se quedan en nada cuando comenzamos a elaborar reglamentos que pervierten totalmente el espíritu de libertad e igualdad de la era contemporánea. Es así como en Inglaterra hay partidos sin representación parlamentaria en la Cámara de los Comunes a pesar de tener un 20% de votos en todo el territorio. George W. Bush hijo fue elegido presidente en el año 2000 aunque tuvo menos votos que Gore . En la isla de Gran Canaria hay un partido con 50.000 votos que no consigue escaño y Coalición Canaria lo consigue con 19.000. Aquí PSOE y PP consiguen que cada uno de sus diputados representen a unos 9.000 votantes y habría que preguntarse por qué los 29.000 votos de IU no le sirven para conseguir ni tan siquiera un diputado. Hemos heredado y mantenido un sistema electoral de los inicios de la transición, cuando la derecha que pasaba de la dictadura a la democracia tenía más miedo a la pluralidad de la sopa de letras que fe en la capacidad de diálogo de la clase política. Desde entonces sufrimos una deformación de la representación popular que, en ocasiones, se lleva por delante a políticos como Víctor Casco , que en el único debate televisado y en la única oportunidad que tuvo de darse a conocer al gran público causó una excelente impresión incluso a quienes no piensan como él. Sus lágrimas nos hicieron ver lo humano que hay en la política y lo injusto de muchas normas electorales.

Publicado en El PERIÓDICO EXTREMADURA el 4 de junio de 2007

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