12 agosto, 2007

Ruidos sin nueces

Una inglesa que vive en una ciudad de Extremadura contaba que durante una breve estancia en su tierra natal había encontrado algo extraño que no conseguía descifrar. Fue a su regreso cuando reparó en que aquí estamos siempre escuchando las bocinas de los coches y no porque haya riesgo de colisión o atropello, como dice el código, sino porque se usan para saludar al amigo que pasa por la acera, para celebrar que tu equipo ha ganado o para hacer llegar un aviso a los oídos del cenutrio que ha aparcado en doble fila y nos impide salir. Siempre he pensado que en este último caso lo mejor es llamar a la grúa para que se fastidie el infractor, pero aquí lo habitual es berrear con el claxon para que el incívico no tenga que pagar una multa y así molestar a todo el vecindario.

La pasión por el ruido es algo que uno no puede entender y que sólo se explica viendo el apego que otros seres vivos tienen por cosas aparentemente desagradables, como es el caso de los cerdos y sus propias porquerías. ¿Se han fijado que en los restaurantes extranjeros se puede cenar sin dar gritos? A veces se pierde toda esperanza de que esto cambie y en ocasiones vemos luces de esperanza, como el cierre de un local en Badajoz contra el que los vecinos habían desplegado una gigantesca pancarta. Hubo quien, en un primer momento, se planteó antes la legalidad de la pancarta que la del local mal insonorizado que perturbaba el descanso de la gente. A veces uno se pregunta por qué razón necesita la gente tanto ruido para divertirse: ¿Será para ocultar que no tienen nada que decir? http://javierfigueiredo.blogspot.com



Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 13 de agosto de 2007


2 comentarios:

Anónimo dijo...

...não façam caso da inglesa, pobre povo inglês que não se saba divertir...

...não fiquem em casa a ouvir o barulho dos outros, saiam e divirtam-se!!!!

Puntos de vista y ... nada más dijo...

Vejo que em Portugal também há quem gosta de incomodar