04 noviembre, 2007

Atenuantes y eximentes


Siempre me ha hecho gracia que se use como atenuante o eximente el haber cometido una falta o delito en estado de embriaguez o bajo los efectos de sustancias alucinógenas. Eso permite que haya quien supere en chulería al número ocho y diga a los cuatro vientos que lo siente mucho porque iba borracho, se le había ido la olla o tenía un subidón de tres pares de narices. Y la cuestión es que pocos aprovechan los momentos de alucinación para dedicarse a obras de caridad, a ejercer tareas de voluntariado, a plantar árboles en áreas destruidas por el fuego o a limpiar pintadas de las paredes. No. Lo primero que hacen es romper algo, arrear a mujeres y niños, ponerse a hacer el cenutrio en una moto, insultar a un negro, prender fuego a una indigente o pellizcar a una emigrante. Al final sale más barato ser un desalmado borracho que un simple desalmado, con lo que no estamos haciendo otra cosa que fomentar el alcoholismo y la drogadicción irresponsable. Así que vamos a hacer una propuesta para ver si acabamos con esto: Advirtamos a diestro y siniestro que existen sustancias que nos pueden hacer perder la cabeza. Tenemos la libertad de tomarlas o no, pero que sepamos de antemano, sobrios y despiertos, que el consumo de esos productos no nos supondrá ni atenuante ni eximente alguno. La próxima vez que un descerebrado se dedique a pegar patadas a una emigrante ya no le valdrá esa excusa y esperemos que no tenga otras.


Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 5 de noviembre de 2007

3 comentarios:

Puntos de vista y ... nada más dijo...

Como ya ha habido alguno que me dice que mi columna de hoy demuestra gran ignorancia en derecho penal, he de señalar que sí, que ignoro casi todo. Entiendo perfectamente que un menor o una persona con una enfermedad mental, crónica o transitoria, no puede ser responsable penal de los hechos que comete. Estoy hablando de adultos, cuerdos y en pleno uso de sus facultades que optan por anular su voluntad con sustancias. Creo que quien opta por hacerlo, algo que me puede parecer bien o mal, debe ser consciente de que cuando se pierde voluntariamente el control sobre uno mismo, tiene que estar dispuesto a afrontar los desaguisados que produzca.

Pero admito que puedo estar muy equivocado. Es lo que pasa cuando se tienen mas dudas que certezas.

Anónimo dijo...

Soy la anónima que discute contigo de nacionalismos y escribo ahora sólo para darte toda la razón. La razón moral es la razón moral, diga la ley lo que diga. La ley y la sociedad no siempre están de parte del que lleva razón, desgraciadamente. La razón es algo relativo muchas veces, pero otras no. El que comete actos de violencia contra otros no tiene eximentes, digan la ley o la iglesia lo que digan. Ni lo son las ideas, ni determinadas sustancias (si uno sabe que excitan su agresividad es su responsabilidad el haberlas tomado y los hechos que deriven de ello), ni lo es la enfermedad mental (si la tiene que se medique), ni la enajenación mental transitoria (que le dé por suicidarse y no por llevarse a su mujer por delante). Cuando alguien hace daño a otros con alguno de estos eximentes, ni es la primera vez que bebía o se drogaba, ni es la primera vez que detectó su enfermedad mental, ni es la primera vez que se enajenó. Ya tenía con seguridad muchos avisos previos que indicaban este comportamiento y ya podía haber puesto remedio antes.

Cada uno es dueño de su vida y responsable de todos y cada uno de sus actos. El que crea otra cosa se sitúa a sí mismo y a otros a un nivel animal. Me molesta profundamente esa costumbre española de "es que yo soy así". Y por tanto hago lo que me dá la gana. Todos tenemos un carácter determinado, pero puedes controlarte para no hacer daño a nadie en ningún momento, ni física ni psíquicamente. Sobre todo eres culpable si alguien te dice "eso me hace daño" y tú sigues (con aquello de que "yo es que soy así") cosa que vemos a diario en relaciones personales.

Nada exime a mi padre de las palizas que me dió y de su absoluta falta de cariño. Ni su educación franquista que embruteció su cerebro. Ni las excusas que nos daba mi madre de que venía cansado porque trabajaba mucho o estaba algo enfermo. Ni que hubiera estado borracho o drogado, que nunca lo estuvo. Ni que lo hiciera como dice orgulloso, para educarnos y porque lo merecíamos al responderle. "Las niñas hablan cuando las gallinas mean", decía. Bonito refrán extremeño, ¿verdad?. Nada le exime para mí de haber ejercido la violencia contra personas indefensas.

Nada exime a ese impresentable del autobús. Y aunque no lo parezca, sus pellizcos son para una mujer lo más denigrante. El que no pueda beber, que no beba. Yo si bebo me pongo a reir o a llorar, pero no hago daño a nadie. Las drogas o el alcohol sólo sacan a la luz lo que la persona ya lleva dentro. Y el que esté podrido que se aguante con lo suyo o vaya al psiquiatra, pero que no descargue sus frustraciones con otros. Que casualidad,siempre esos cobardes lo hacen con quien no puede defenderse. ¿Enajenados o amargados que se desahogan? Que se autoflagelen los violentos, que ninguno lo hace.

Puntos de vista y ... nada más dijo...

Me alegra que estemos de acuerdo. Aunque es una de las columnas que me ha dado un poco de reparo publicar porque temía estar siendo un poco ignorante de lo que es la doctrina penal. Pero me convenció una mujer que llamóa a la radio, a un programa llamado "hablar por hablar" Contaba que su ex pareja la acosa y se chulea ante ella diciendo "como voy borracho no me van a hacer nada". Y es verdad. Y yo creo que si alguien se emborracha deliberadamente para pegarle a su ex-mujer, a sabiendas que así conseguirá atenuantes y eximentes, tendremos que hacer dos cosas: Impedir que lo haga y que, si lo hace, no se vaya de rositas agarrado a la botella de DYC.

Espero poder escribir más cosas que te gusten.

Gracias por tu opinión