30 marzo, 2008

Politizados y apolíticos

Hace unos días, con motivo de la elección de José Antonio Alonso como portavoz socialista en el Congreso, surgió el asunto de su no militancia en el partido del que va a ser voz visible en el parlamento. Para disculpar que lleve 4 años de ministro de un gobierno sin pagar la cuota en el partido que lo sustenta, se aducía la dificultad que tienen los jueces para poder militar en un partido político. Entonces empieza uno a ver cuántas normas estúpidas se pusieron a finales de los 70 y todavía siguen en pie. Un juez no puede afiliarse a un partido para no perder imparcialidad, pero puede ser del opus y empapelar a todas las mujeres que han ido a una clínica en la que se realizan interrupciones voluntarias de embarazo. La militancia político-social sigue siendo un estigma para muchos, cuando debiera ser lo contrario. Yo creo que los jueces son personas con ideas y que realizan un trabajo en el que deben ser escrupulosamente profesionales. Yo puedo ser profesor trotskista y no por ello estoy incapacitado de examinar a un militante del PP o del PCE. La independencia no se pierde, según mi punto de vista, por tener actividades político-sociales, sino por no actuar profesionalmente. Y esto de la falta de profesionalidad se ve en todos los oficios y colores. Este asunto es un filón para muchas otras reflexiones. Por ejemplo, ¿por qué es más sospecho el que milita en un partido o sindicato que el que es apolítico?
Nos han dado tanto la brasa quienes hicieron la transición sobre su ejemplaridad histórica, que es difícil convencer a nadie sobre los estropicios que se hicieron en aquellos días y que, incomprensiblemente, seguimos soportando como si fueran ineludibles. No voy a mencionar la ley electoral, ni el sistema de votación que permite esos dichosos mailings, ni esa distorsión de la representación popular que un tal D’Hont nos plasma en los repartos de escaños. Me refiero a esa norma que impide a militares y jueces la militancia en partidos políticos, como si la privación de ese derecho supusiera automáticamente la imparcialidad absoluta. Curiosamente no se dice nada de otras posibles adscripciones y se puede ser fiscal o profesor de biología y pertenecer a una secta religiosa fundamentalista que niega la evolución de las especies. Pero lo que me parece gracioso, por no decir otra cosa, es que haya quien siga creyendo que un magistrado del Constitucional, que fue juez en los tribunales de orden público del franquismo, tenga garantizada su ecuanimidad por el hecho de no militar en un partido político. Estas normas son rémoras de aquel tiempo oscuro que hacen que hoy el adjetivo politizado siga teniendo para muchos un matiz despectivo, y que el término apolítico siga siendo usado como salvoconducto que todo lo perdona. Cuando la democracia se consolide en el subconsciente colectivo, aprenderemos que la imparcialidad no se debiera perder por pertenecer a un partido, que tampoco se gana por permanecer en la más absoluta de las asepsias y que la militancia político-social es tan digna (o más) que no tomar partido por nada.
Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el día 31 de marzo de 2008.

5 comentarios:

Fernando dijo...

Creo que te equivocas. La política es veneno para la justicia. Y para casi todo. De hecho sería bueno que los gobernantes no fueran militantes de partido alguno. Espero que este comentario de raíz política no sea veneno para nuestra naciente amistad. Y es que la política es mala incluso para la amistad. Un saludo.

Puntos de vista y ... nada más dijo...

Fernando, no te preocupes que no hay nada como discrepar amistosamente. Yo con mis amigos con los que estoy de acuerdo al 100% me acabo aburriendo.

Yo creo que hablamos de cosas distintas. La política la entiendo como la forma de actuar que tenemos los humanos para construir la polis. Preocuparse por lo que nos rodea es política. Y pasar de lo que nos rodea también es política. Yo creo que no hay cosa más política que el que dice que pasa de política. Se es más político por omisión que por acción. Podría seguir,...

A lo que vamosSon determinadas formas de hacer política las que son un veneno. Yo me cuido mucho de gobernantes apolíticos, porque suelen ser de extrema derecha. (Ya se lo dijo Franco a Fraga: "Haga como yo. No se meta en política".

Mi reflexión es que somos puristas con algo que no nos debiera preocupar si tuviéramos madurez democrática.

Una última cosa: Puedo estar muy equivocado. Mis reflexiones no son ciencia son sólo puntos de vista... y nada más


saludos

Fernando dijo...

Bien, bien. Eso quería haberte dicho yo, pero se me pasó. Luego lo pensé y tú lo has visto claro.
Que sí, que política es toda nuestra preocupación por el bien común. Esa política es signo de identidad del ser humano. Y no puede faltar en ninguno de nosotros. La otra política es la que para mí es venenosa. La que no se funda en el desinterés, sino en el interés de grupo, parte o partido. la que no es entrega sino medio de vida. Y esa me disgusta. ¡Qué poco me dice de alguien que sea de éste o aquel partido! Por cierto, la frase creo que se la dijo Franco a Sabino Alonso Fueyo, director que fue de Arriba. Servir está por encima de las disciplinas de partido. Seguiremos hablando. Un saludo.

Puntos de vista y ... nada más dijo...

Fernando, hay una cosa que dices que es lo que llamo "el mal de la política": La profesionalización. Esos que no saben hacer otra cosa que estar en la política, que hacen de ella su única profesión y medio de vida.

Por una razón: Porque todo se pervierte y hace que sus ideas y acciones estén mediatizadas por la defensa de la nómina personal y no por el interés en un proyecto social.

Además, es algo que ocurre en todos los partidos (y sindicatos): Los aparatos, liberados y demás acaban por despegarse de la realidad porque el hecho de estar "full-time" dedicados al asunto no los hace más conocedores de la realidad, sino todo lo contrario.

Salud!

Anónimo dijo...

Interesantísimo el debate que os he leido. Me ha gustado mucho, por ambas partes. Me ratifica la tolerancia y curiosidad por opiniones distintas, que ya conozco, del amigo Figueiredo. Coincido con vosotros en que la profesionalización de la política, que acaba envenenado todo con intereses económicos, es el principal problema. Saludos de queridanónima.