06 abril, 2008

El senador Monago


Cuando el miércoles me enteré de que Monago iba a ser el senador del PP elegido por la Asamblea de Extremadura, sentí un poco de pena e incluso estrés. Me imaginaba cómo debería ser su agenda como concejal encargado de varios - y muy importantes- departamentos municipales, presidente provincial de un partido en periodo asambleario abierto, diputado en la Asamblea y además senador. Si algunos echamos de menos tener un poco más de tiempo para estar con nuestros hijos pequeños, pensé que era un privilegiado a su lado.

Cuando el viernes supe que renunciaba por razones personales y nombraba el hecho de tener dos niños pequeños, sentí cierta admiración por él. He defendido que las personas que se dedican a la política tienen que tener vidas parecidas a las de los ciudadanos para que puedan entender nuestros problemas más fácilmente. Me pareció una actuación ejemplar.

Así que no voy a dar crédito a todas las habladurías que hablan de una reunión tensa con el alcalde y con amenazas, porque creo que las razones familiares aducidas son de suficiente peso como para explicar y justificar la renuncia a ser senador.

Además uno cree que los demócratas no se dedican a hacer amenazas. Es como si me cuentan que un concejal llama al despacho al director de un periódico y le exige que destituya a la periodista que hace información municipal – y que la mande a cultura- y el director lo haga. No me lo creería y me parecería típico del régimen de Mugabe.

Así que valga este post como mi primera loa a Monago, aunque sigo sin entender por qué el jueves aceptó ser elegido senador por la Asamblea de Extremadura. ¿Acaso no reparó hasta el viernes a las diez de los problemas familiares que le iba a acarrear el nuevo cargo?

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