27 octubre, 2008

Micrófonos abiertos

Los clásicos acuñaron el in vino veritas, poco después se dio por sentado que la certeza habitaba en la voz de los niños y los borrachos, pero ahora son los micrófonos abiertos los que nos desvelan la verdad auténtica. Y es entonces cuando surgen las dudas sobre si hay que hacer público o no aquello que el azar sacó a la luz por culpa de un botoncito que estaba en la posición on cuando debiera estar en off. No cabe duda de que aprovechar la indiscreción tecnológica para revelar hechos intrascendentes o del ámbito privado es absolutamente reprochable, porque nos debería importar un pimiento si a una personalidad no le ha gustado la comida o si le duelen los pies. Otra cosa bien distinta es cuando el micrófono indiscreto nos descubre la sinceridad pura y dura en abierta contradicción con la apariencia que el personaje público nos pretende dar.  Ya sabemos que muchas opiniones de personalidades públicas son fabricadas por gabinetes de imagen, que van escogiendo entre lo procedente, lo impactante o lo novedoso, en función de cómo se coticen las declaraciones prudentes o arriesgadas. Son muchas las ocasiones en las que deducimos que los políticos elaboran mensajes en los que no creen, pero nos falta tener la seguridad de lo que presentimos. El discurso de Rajoy ante la fiesta nacional de 2007 se intuía desmedido y sobreactuado, de ahí que haya sido muy interesante conocer lo que él realmente siente ante toda esta parafernalia de desfiles patrióticos, un sentimiento que, por otra parte, compartimos muchísimas personas más. Tantos siglos buscando la verdad y todo lo logra un simple botoncito.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el lunes 27 de octubre de 2008.

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