02 febrero, 2009

Magrear


El miércoles pasado aparece en este periódico un curioso titular: Monago insta a Vara a que no “magree” más a las cajas. Las comillas en el verbo ya aparecían en la noticia y me impulsaron directamente al diccionario, porque tenía dudas incluso sobre la existencia oficial de la palabra. La Real Academia de la Lengua disipó mi inseguridad inicial, ya que el término aparece recogido con dos acepciones que me trasladaron la duda a lo que Monago quiso decir. Lo primero que nos advierte el diccionario es del carácter vulgar del término, que es definido “como sobar o manosear lascivamente a alguien”. Por un momento me imaginé a Vara con esas actitudes libidinosas frente a unas cajas. Averiguar que las susodichas cajas eran de ahorros tampoco me tranquilizó especialmente, porque no lograba visualizar al presidente en tal actitud entre sucursales y consejos de administración, lugares poco apropiados para el magreo. Así que deduje que el jefe de la oposición regional no estaba reclamando un comportamiento recatado al presidente extremeño, como le delata una frase en la que reclama protagonismo: "Si Vara quiere llevar este tema para que lo magreemos un poco más en el Parlamento...”. Así que a lo mejor hay que fijarse en la segunda acepción del verbo, la que lo define como “comer la parte más gustosa de los alimentos”. A muchos no nos quita el sueño la fusión de las cajas, pero nos preocuparía que se solventara con un blindaje para todos los consejeros y altos cargos, junto a los despidos y prejubilaciones de centenas de trabajadores. Eso sí que sería magrear en el amplio sentido del término. O algo peor.

2 comentarios:

Los viajes que no hice dijo...

Llevo viendo este post tres días en el Google Reader.

Magrear... Te estás volviendo pornográfico, vive Dios.

Amigo de la Dialéctica dijo...

Hola amigo Javier:

El subconsciente de Monago anda algo necesitado de un psicoanálisis. Si lo pillara Freud seguro que nos daría alguna que otra sorpresa desagradable. Eso sí, que se cuide de ser observado por otros profesionales, en especial que evite a esos de la TIA de la Comunidad de Madrid.

Mis preocupaciones van en el mismo sentido que planteas: Blindajes de altos cargos, despidos y prejubilaciones masivas. La fusión, además de evitar lo dicho, debería auto-obligar a la propia caja que se constituya a destinar un 75% de sus beneficios a la reinversión productiva y el otro 25% a obra social.

Recibe un abrazote amigo.