02 agosto, 2010

Cuatro y diez

Hace unos siete años empezaron a telefonearme, casi todos los días, a las cuatro y diez de la tarde. Eran voces melodiosas, que me llamaban con mis dos nombres sin saber que no uso nunca el primero, y a quienes tenía que ayudar a pronunciar un apellido complicado. Sé de gente que no soporta estas llamadas, pero yo fui capaz de hacer de ellas una actividad gratificante, que me retrotraía a una vocación perdida por la interpretación. Me gustaba responder al acento colombiano con uno de Buenos Aires o de Méjico, me hacía pasar por mayordomo de mí mismo, por mi propio jardinero o por mi secretario particular. Mataba así el gusanillo de unas tablas teatrales que apenas pisé, pero la estrategia acababa por ser engorrosa: entre la oferta de una tarifa nueva y el regalo de una moderna batería de cocina, yo ya no sabía si era mi mozo de cuadra o el encargado de mantenimiento del rancho. Hace unos tres años cambié de estrategia y me centré en un solo papel. A las cuatro y diez, como en la canción de Aute, respondo con tono ronco y pausado, espero la oferta animosa de un ADSL barato, y acabo alegando que soy mayor y que no entiendo de eso de internet. Mis hijos se ríen cuando pongo esa voz de viejecito, y desde el otro lado del Atlántico me piden disculpas por haberme molestado la siesta, actividad que no practico. Estaba preocupado por el mal ejemplo que daba a mis retoños con estas mentiras piadosas, pero es un problema en vías de solución. El viernes me ofrecieron una red wi-fi intermodal para toda la vivienda y contesté que era mayor, que no entendía de esas cosas. Ya no mentí.

4 comentarios:

Alicia Vernok dijo...

Pero hombre pero hombre pero hombre!!

Como que no practicas las siesta??!!

Viva la siesta!!

XD

Los viajes que no hice dijo...

Oye, ¿qué nombre, qué nombre?

Puntos de vista y ... nada más dijo...

Vernok,

como tengo fama de antipatriota español, quería serlo con todas las consecuencias, para que no hubiera dudas. Así que no duermo siesta.


Los viajes,

pues nací bajo la dictadura y, aunque me querían poner Javier, dijeron que el santo llevaba una F. delante, como el dictador.

Es lo más habitual en los Javier de mi generación

Los viajes que no hice dijo...

¡Pacoooooooooooo!