21 junio, 2011

Acabaron por pasar


En el verano de 1998 empecé a escribir una historia de ficción que, como otras cosas de mi vida, dejé inconclusa. Contaba la historia de un jovencísimo policía a principios de los 70, a quien se encargó infiltrarse entre los camaradas de un partido de extrema izquierda, matricularse en una Facultad de provincias e intentar enterarse de todo. Pero el chico acabó leyendo a los clásicos del comunismo al tiempo que estudiaba para pasar inadvertido. Abandonó la policía a finales de los 70, ya en democracia, con un título universitario, ejerciendo una profesión de esas que llaman liberales y haciendo como que seguía creyendo a pie juntillas los dictados de los sectores más ortodoxos. Siempre mantenía las posiciones más violentas en lo verbal y más descabelladas en lo estratégico, decantándose claramente a postulados que daban la vuelta al arco ideológico y favorecían a la derecha más recalcitrante. 

No acabé aquella novelita infame, a medio camino entre mala novela negra y pésima novela histórico-contemporánea. Pero me he vuelto a acordar de ella. ¿Y si todavía permanecen infiltrados en los partidos de izquierda algunos cuya labor allí sea parecer los más radicales para desactivar la eficacia de las organizaciones de izquierda transformadora? Bueno, todo esto es ficción. Menos mal. Porque espero despertarme mañana y creer que todo ha sido un sueño, que las noticias que leo en cada edición digital a las 00:42 del 21 de junio de 2011 pertenecen a una versión veraniega del Show de Truman. No me puedo creer que los herederos de quienes gritaron No pasarán se hayan convertido en los traidores que permitan que acaben por pasar. Sí, ya me sé el cuento: que son lo mismo. Pero no.

Me parece que este verano retomo la novela. Me resultará más fácil. Ya no tengo que inventar tanto: me basta con leer la prensa de estos días para perfilar a esos personajes cuya única misión es que no haya ni tan solo un mísero avance para la vida de los parias de la tierra. Y están aquí, infiltrados entre nosotros.

2 comentarios:

María Saes dijo...

Infiltrados no, están a cara descubierta y ya sabéis a todo lo que dicen NO

Difusa dijo...

Me resulta interesante el argumento de la novela... suerte