20 febrero, 2012

No va conmigo


Hay gobernantes y legisladores que aprueban normas con la certeza de que nunca se van a ver afectados por ellas. Nos vamos enterando de los detalles de la nueva legislación laboral y llegamos a la conclusión de que quienes han ideado el decreto viven en un mundo diametralmente diferente al de los mortales. En esta crisis, como en casi todas, la diferencia está en que hay unos que están malviviendo y con angustia, frente a otros que no han visto que nada cambie sustancialmente: pueden ir a los mismos restaurantes, alojarse en mejores hoteles y viajar en primera clase. Son como castas superiores que no necesitan salir a la calle, ni gritar, ni hacer pancartas, ni arriesgarse a correr bajo las porras y pelotas de goma cuando hay algo que les disgusta, porque siempre tienen a mano el teléfono de alguien muy influyente que se lo solucionará. Aristócratas con más prebendas que en el siglo XVI, que justifican que los ex presidentes cobren 80000 € anuales del erario público y cientos de miles asesorando a empresas del sector energético, mientras que a los nuevos parias se les despoja incluso de parte de la prestación por desempleo. Guindos ya había dicho que la reforma sería extremadamente agresiva y hay que agradecerle que, por una vez, sea hombre de palabra. La agresividad no irá contra los suyos ni contra la gente con la que se codea todos los días. “Esto no va conmigo”, dirá mientras toma canapés. Lo peor de todo esto será que aquellos a los que la reforma les va a modificar la vida, que son millones, crean ser de la casta del ministro o de Joan Rosell y piensen que todo esto tampoco va con ellos.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 20 de febrero de 2012. 

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