02 abril, 2012

Sin preguntas


Imaginen que van a un restaurante, se sientan en una mesa, les dan la carta para elegir y, finalmente, les dicen que no hay nada para comer. Sí, probablemente dirían ustedes que eso no es un restaurante y que para leer el menú podían haberse quedado en casa. Algo tan absurdo es lo que viene ocurriendo de un tiempo a esta parte con las ruedas de prensa, que en teoría eran unas comparecencias ante los medios de comunicación, en las que se efectuaban declaraciones y se pronunciaban discursos de forma presencial, y donde los profesionales del periodismo podían preguntar y pedir aclaraciones de forma directa. En los últimos años, gracias a los inventos de los nuevos gurús de la comunicación, se ha extendido la mala costumbre de convocar a los profesionales para leer una nota y mandarlos a paseo. No hay que ser muy listos para deducir que sería más ecológico y eficaz enviar vídeo, audio y un e-mail a las redacciones: los periodistas ahorrarían gasolina, aparcamientos y prisas, recibiendo en su ordenador la escueta nota o el corte preciso para su informativo. Las ruedas de prensa sin preguntas las practican entrenadores, artistas y hasta políticos, que deberían tener un poco más de respeto hacia los ciudadanos que pagan sus sueldos. La posibilidad de preguntar y repreguntar es fundamental para poder obtener una información contrastada, mientras que la nota leída es mera propaganda y nada más. Todo cambiará el día que todos los periodistas se nieguen a cubrir este tipo de farsas y se limiten a informar, con nombres y  apellidos, quiénes son los que convocan estas ruedas de prensa sin preguntas. ¿Lo veremos?

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 2 de abril de 2012.

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