27 agosto, 2012

Lusitania Express

El 16 de agosto nos describieron en las páginas de este periódico, y de manera magistral, el último paso por Extremadura del Lusitania Express. Quizá ya no se llamaba así, pero para una generación entera ese tren tenía una banda sonora muy original, la de aquella canción de Coup de Soup, con la voz grave del cantante, y que recreaba el nerviosismo de una chica que tomaba café en la estación de Cáceres, de madrugada, emprendiendo un viaje que parecía romántico aunque era todo lo contrario. Los trayectos en el Lusitania Express eran fuente inagotable de anécdotas. Recuerdo un compartimento de ocho butacas en el que coincidieron un travesti valenciano que imitaba a Sara Montiel, su novio portugués y una familia colombiana que venía de Lourdes y se dirigía a Fátima en busca de un milagro para su hijo. Las conversaciones eran dignas de comedia de Mihura o Jardiel Poncela. En otra ocasión tuvimos que hacer una colecta para evitar que el revisor dejara tiradas en la estación de Río Tajo a dos chicas italianas y a una pareja de finlandeses, que no tenían ya pesetas para pagar el suplemento del inter-rail. La chica finlandesa se puso mala, le aconsejamos que bajara en Cáceres y la llevamos a una casa de socorro que había en la calle Badajoz. La nórdica no tenía nada grave, pidió beber un poco de agua, el médico puso el botijo encima de la mesa y la muchacha se quedó mirando aquel objeto como si fuera un extraterrestre. Todas estas historias van pasando de lo anecdótico a lo nostálgico, adquiriendo una tristeza melancólica. Se nos ha marchado ya el último tren a Portugal y el próximo tardará bastante en venir.

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