19 noviembre, 2012

Hijos pródigos


Llevo 13 años con la misma compañía telefónica y escucho su publicidad con ofertas apetecibles. Luego, en un servicio que se llama de “atención al cliente”, me dicen que son solo para los nuevos. Esa misma sensación de frustración se le quedó a mi sobrina, que está en su último año de instituto, cuando me llamó indignada contándome detalles de ese plan para que miles de jóvenes adquieran unos conocimientos mínimos de formación. Seríamos injustos si descalificáramos la iniciativa porque tiene aspectos muy positivos: se contrata a 189 profesores (aunque hubiera sido mejor no mandarlos a casa en septiembre pasado), y se da otra oportunidad a jóvenes de una región que arrastra deficiencias educativas históricas. Pero una medida loable se ha dado la vuelta y se ha convertido en objeto de polémica a causa de los mil euros que se darían de premio a quien consiguiera el título de ESO por la nueva vía. Los que criticamos en su día los 2500€ del cheque-bebé de Zapatero argumentábamos que las ayudas a la natalidad deberían haberse realizado con la creación de servicios para quienes lo necesitaran, y no mediante una distribución del dinero incluso a quien no le hacía ninguna falta. Sería más justo y más eficaz prevenir el fracaso escolar cuando se empieza a detectar, como se hace en Finlandia, y no acabar creando un agravio comparativo entre quienes estudiaron la secundaria en su debido momento y sin ninguna recompensa económica, frente a los que abandonaron los estudios y ahora tendrán título y dinerito. Como las compañías telefónicas, parece que premiamos más a los hijos pródigos que a los que muestran fidelidad.


Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 19 de noviembre de 2012.

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