18 noviembre, 2013

Seguridad ciudadana

Escuché que Corcueraaquel de la patada en la puerta, había estado por aquí para hablarnos de democracia. No me cabe duda de que su aportación habrá sido muy importante en unos momentos en los que las libertadas y la justicia están en el centro del debate. Repasamos las sentencias absolutorias de los casos más negros de la historia de España y el desencanto se adueña de cualquier alma sensible. Imagino que no soy el único en pensar que las leyes son más severas con los parias que con los poderosos: Que muchos casos de corrupción se vayan a saldar con coste cero para sus causantes es algo que gran parte de nuestra sociedad ya percibe como normal y debería preocuparnos. Uno, que se estremece al pensar que el 70% de nuestras cárceles lo forman pequeños traficantes de droga, no puede dejar de sorprenderse al ver tantos delitos graves impunes.

En fin. Vivimos un tiempo en el que algunos se apresuran a cambiar normas, para que los códigos que rigen los castigos se acentúen todavía más en la misma dirección de siempre. Ahora hay un anteproyecto de ley de seguridad ciudadana que parece destinado a coartar los derechos fundamentales de los que nada tienen, pero sin mover una coma contra los potentados que causan daños irreparables. Los escraches a quienes desahucian serán perseguidos y ningún responsable de ningún consejo de administración perderá el sueño si sus decisiones provocan injusticia, sufrimiento y destrucción. En lugar de dar una patada en la puerta, parece que ahora van a dar muchas y en diferentes lugares. Yo nunca pensé que aquella ley Corcuera pudiera ser superada. A menudo me equivoco.
Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 18 de noviembre de 2013.

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