27 enero, 2014

Lo que no sabemos

De vez en cuando hay algún que otro asuntillo turbio que sale a luz pública, ya se trate de unas oposiciones con resultados sospechosos, falseamientos de datos para conseguir una determinada plaza escolar o comportamientos de dudosa ética cometidos desde lugares de responsabilidad. Basta con que alguno de estos casos salten a los periódicos para que la máquina de la memoria se ponga a funcionar y todo el mundo recuerde casos similares que han ocurrido a su alrededor, desde procesos selectivos con perfiles tan concretos que solo faltaba ponerles nombres y apellidos, hasta gentes que se vanagloriaban sin pudor de tener conocidos en todos los lados para conseguir favores.  

iceberg Ya hemos dicho mil veces que la corrupción de las altas esferas es el reflejo de la que también existe al cabo de la calle. Aunque parezca contradictorio, no debería inquietarnos tanto lo que se va conociendo, donde encontramos casos gravísimos, tramas infames, sinvergonzonerías, trapicheos o, también, simples torpezas. Lo que tendría que empezar a preocuparnos es cuántos casos habrán desangrado nuestros bolsillos sin que nos hayamos enterado. Sí, los males que ahora padece la mayoría de la población se esconden en décadas de picaresca, de alta gama y de andar por casa, y a la que pocas veces se ha podido pillar. Y me temo que vamos por el mismo camino: ya verán como el final de esta crisis de corrupción se acabará centrando en los errores de Elpidio Silva o José Castro y no en el latrocinio continuado de los que parecen claramente culpables.

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 27 de enero de 2014.

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