02 diciembre, 2015

Campaña (d)e imagen

Mañana por la noche empezará una campaña electoral y acabará un ciclo de elecciones que empezó en mayo de 2014. Dicen las encuestas que nada será igual después del 20 de diciembre y, de momento, los cambios los podemos ver en las pantallas de televisión. Lejos quedan ya aquellos días en los que la información se reducía a los tiempos tasados en cada informativo y con unos espacios gratuitos después de los telediarios, en los que uno podía pasar de la risa a la vergüenza ajena en un santiamén. Siempre me ha llamado la atención que en esos espacios tuvieran más minutos los que habían obtenido mejores resultados la vez anterior, que sería como si en las próximas olimpiadas de Río de Janeiro dejaran a Usain Bolt salir un par de segundos antes por haber logrado el oro en Londres y Beijing.

Pero de lo que no para de hablarse últimamente es de la permanente presencia de líderes políticos en todo tipos de programas: empezaron por los de contenido político, siguieron por los de entretenimiento y ya he visto a alguno en emisiones dedicadas a la población mayor o a amantes del deporte de riesgo. No descartemos que Rajoy acabe diciendo pasapalabra, que Rivera haga un postre en un concurso de cocina y que nos encontremos a Sánchez en un reality show contando sus intimidades (si no ha ocurrido ya).

Me resisto a creer que somos una sociedad tan inmadura que no es capaz de asimilar mensajes de sus candidatos si no se los pasan por la batidora de la trivialidad mundana. Imagino que los partidos tienen gurús que saben de esto más que nadie, de esos que te garantizan que una foto haciendo spinning, que es como llaman ahora a las bicicletas estáticas que no van a ninguna parte, es un salvoconducto hacia el éxito.

El lunes vimos, por primera vez en mucho tiempo, algo parecido a un debate. Si no fuera por las ausencias, unas voluntarias y otras no, habría sido útil para aquellas personas que se acercan a cada proceso electoral sin prejuicios, como una libreta en blanco en la que apuntar y sopesar qué es mejor para uno mismo, para la sociedad en la que vive y para el planeta en el que habitamos. Quedan dieciséis días de campaña y me parece que  los debates tan generalistas no dan más de sí y que serían más útiles si fueran ágiles y abordando contenidos sectoriales: mujer, educación, empleo, sanidad, economía, justicia, juventud o mayores. Unos encuentros en los que políticos expertos nos explicaran a fondo sus propuestas y pudiéramos calibrar qué opción nos interesa votar a cada uno el 20 de diciembre. De momento parece difícil y hay quien prefiere pasear en globo o dar collejas a un niño mientras retransmite un partido de fútbol. Hasta que los programas electorales no tengan valor contractual las elecciones van camino de ser pura campaña e imagen. O campaña de imagen, que es como lo llaman.   

Publicado en HOY el 2 de diciembre de 2015

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