24 febrero, 2016

Teatro (im)previsible

La tarde del 12 de enero, cuando supimos que había un acuerdo para formar la mesa del Congreso de los Diputados, me di cuenta de que el PSOE no tenía ninguna intención de liderar un gobierno de izquierdas, con transformaciones políticas, económicas y legales para revertir lo ocurrido en este país en los últimos ocho años. Era un detalle muy simple, pero no se podía entender que los socialistas entregaran la mayoría de la mesa a la suma de PP y Ciudadanos, que no tienen mayoría en la cámara, a cambio de la Presidencia para Patxi López. Si en algún momento hubieran pensado en la remota posibilidad de gobernar a babor, no habrían permitido esa composición de la mesa y habrían intentado que la mayoría de dicho órgano reflejara más fielmente el arco parlamentario.

 La segunda de las pistas la tuvimos la mañana del 13 de enero, cuando el PSOE puso a un partido como el PNV en la mesa de la Cámara Alta sin importarle en absoluto el independentismo que persiste en el partido que fundara Sabino Arana. Días después fueron senadores del grupo socialista los que permitieron la constitución de grupos propios en el Senado para los hoy apestados partidos catalanes, al tiempo que se impedía que en el Congreso pudieran formar grupo propio En comú podem o En marea. Todo hacía indicar que los socialistas lo tenían muy claro desde el principio y que la mejor excusa para no formar un gobierno de izquierdas estaría en el compromiso electoral de Podemos de celebrar un referéndum en Cataluña similar al que Cameron hizo en Escocia hace poco más de un año.

En cuarenta días han pasado muchas cosas: Pedro Sánchez no se esperaba una oferta de gobierno desde la izquierda, sí que se esperaba la bronca de Susana Díaz, nadie se esperaba la espantá del Partido Popular y todos descubriremos en apenas una semana en qué ha consistido este sainete. En las últimas horas he escuchado varias veces al Hernando del PSOE, al que cada vez me cuesta más diferenciar del Hernando del PP, avisando a Podemos de que se cuide votar lo mismo que la derecha.  Lástima que esa advertencia no se la hubiera hecho a sí mismo aquel día de septiembre de 2011, cuando aprobaron reformar el art. 135 por dictado de Merkel.

Un amigo periodista me preguntó hace un mes qué iba a pasar con la formación del Gobierno y le respondí que aquello que menos pudiera imaginar. Ayer volví a coincidir con él y no tuve tiempo de aclararle mi pronóstico. Solo las bases del PSOE podrían virar a babor su barco y lo harían contra la voluntad del timonel y la capitanía. Pero me temo que a esta última, la que siempre ha preferido los tonos anaranjados, no le va a gustar ni un pelo lo de suprimir las diputaciones, de las que un día habrá que hablar largo y tendido. Todo puede pasar, incluso lo que menos nos esperemos.

Publicado en el diario HOY el 24 de febrero de 2016



No hay comentarios: