31 mayo, 2017

Segregar

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Soy de una generación que aún tuvo que estudiar en escuelas separadas para chicos y chicas. Hasta que no llegué al bachillerato no pude compartir pupitres con compañeras y lo hice en el que había sido, históricamente, el instituto femenino de la ciudad. El mundo se abrió para mí cuando pasé de la férrea educación de un colegio en el que se respiraba machismo, religiosidad extrema, altas dosis de clasismo y muy poca libertad, a una clase en la que sólo estábamos tres varones y las compañeras no me hablaban de motos, monterías y futbolistas, sino de Violeta Parra, de Silvio Rodríguez o de García Márquez.



No sé si será por esa parte de mi pasado, pero no puedo entender a los que defienden la segregación, a los que creen que separar a un grupo de personas por motivos sociales, políticos o culturales puede tener algo de positivo. Y no soporto que me intenten aducir razones pedagógicas o psicológicas para sostener la existencia de centros escolares para niños y para niñas, porque educar es formar ciudadanía para la sociedad. Y en la sociedad, de momento, vamos a tener que convivir todos los géneros, razas y colores.



Ayer se hacía eco este periódico de la polémica surgida en Francia por la organización de un festival al que solo pueden asistir mujeres negras. La extrema derecha ha reaccionado contra esta idea (quizá porque son negras), y organizaciones tan poco sospechosas como SOS Racisme se oponen radicalmente a este tipo de segregaciones, porque si un acto es público, jamás debe establecerse ningún criterio discriminador.



La cuestión es que desde hace menos de un año me he visto varias veces en medio de algunas discusiones sobre la idoneidad de hablar sobre feminismo o sobre nuevas masculinidades en grupos denominados no mixtos. Incluso a finales de agosto participé en un taller de este tipo, con muchas dudas, y he de reconocer que desde entonces no dejo de darle vueltas a la cabeza. Uno es consciente de que los varones suelen invadir los espacios comunes, acaparar el tiempo de las intervenciones y silenciar otras voces, pero empiezo a plantearme si no estaremos equivocándonos de pleno intentado solventar por separado lo que hay que solucionar conjuntamente.



Creo que esas mujeres negras francesas podrán tener motivos para discriminar en sus actos públicos a mujeres de otra raza o a varones de su misma raza, pero me temo que el empoderamiento de las mujeres o de las minorías discriminadas en el mundo no se logra creando pequeños guetos o islas donde sentirse a gusto. Quizá sea mejor hacer copartícipes a quienes no son como nosotros de la necesidad de que nos acompañen en esas luchas. Me lo preguntaba una buena amiga hace unos días: ¿No estaremos con este tipo de actividades no mixtas dando argumentos a quienes defienden la segregación en las escuelas? Espero que no volvamos atrás y que el machismo, cuya violencia mata cada día, desaparezca con la ayuda de todas (y todos).

Publicado en el diario HOY el 31 de mayo de 2017

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