Cerca y lejos





Además de la llegada a la luna hay otros hitos históricos que también cumplen medio siglo. La serie que aquí conocimos como Barrio Sésamo, aquella que nos enseñó con muñecos peludos la diferencia entre dentro y fuera o arriba y abajo, también soplará 50 velas en el mes de noviembre. En cuanto te pasabas de la edad adecuada las explicaciones de Grover, al que aquí rebautizaron como Coco, dejaban de parecernos útiles y se convertían en muletillas que repetíamos con más o menos gracia hasta que nos hacíamos adultos.



A veces creemos que nos preocupan más las cosas que ocurren a nuestro alrededor que las que pasan en el quinto pino, pero es un espejismo. Las dificultades y la precariedad de las barriadas de nuestras propias ciudades pueden ser invisibles si vivimos en la parte más cómoda del centro o en una zona residencial. Lo mismo ocurre con las guerras y con las violencias terroristas, que nos afectan más si es en una sala de conciertos de París o de Manchester, y menos si es en Yemen desde una fragata fabricada en España.



El viernes se nos podrían haber roto muchos de los esquemas porque en el lugar civilizado más alejado de nuestros pies, en las antípodas que nos enseñaban en la clase de geografía, un tipo con un arma, en la que estaban grabados nombres como Don Pelayo o el del asesino de Carlos Palomino, descerrajaba a 49 personas en una mezquita neozelandesa durante el viernes de oración. Tres veces más lejos que cualquier día en Iraq pero con mucho más espacio en nuestros periódicos y telediarios.



Los adverbios son mi parte preferida de la oración: invariables, sin género, sin número. Lejos no es plural aunque acabe en ese y cerca no es femenino aunque termine en a. No son los adverbios lo que determinan cuánto nos afecta algo sino nuestra capacidad de vernos en la piel de otra persona. Quizá eso explique que nos preocupe menos una explosión en Basora que un tiroteo en Nueva Zelanda o Arizona.



¿Acaso ahora está todo demasiado cerca? El lector de inglés nos contaba en la clase del lunes el origen de la segunda enmienda de la Constitución americana y nos preguntaba los pros y los contras de la tenencia de armas. Un ejercicio difícil porque hay quienes no vemos ni una sola ventaja en máquinas destinadas a acabar con la vida de otras personas. Quizá por eso, mientras se me ocurría algo que decir,  me vino a la cabeza la letra de Pablo Guerrero en la que nos animaba a tapar a la calle para “que no pase nadie / que vista de negro / que lleve pistola /y beba Coca-Cola.” Así que no tengamos miedo de si están lejos o cerca quienes creen en la supremacía de unos sobre otros y abramos las calles para “que pase la gente / que vista de flores / que beba aguardiente/ que va hablando sola / y no pinta en las paredes”.

Publicado en el diario HOY el 20 de marzo de 2019


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