¿No conoces a alguien?

Una de las enseñanzas que más agradezco es aquella que me inculcaron para intentar ser lo más justo y lo más ecuánime posible, algo que no siempre se logra. Tan importante como sumar o escribir es contar con unos valores universales que nos permitan convivir y que extiendan la solidaridad como un bien que hay que proteger, como si se tratara del último lince.

 

La literatura y las películas están llenas de episodios de entrega desinteresada, incluso en los tiempos más difíciles. Todo el mundo tiene en su retina o en su memoria escenas de guerras mundiales, holocaustos, crueles dictaduras, catástrofes o epidemias de peste en las que alguien intentaba socorrer a otras personas antes de entonar a codazos el sálvese quien pueda.

 

Las pocas veces que tuve que acompañar a alguien a urgencias me sobró tiempo para leer todos los carteles. En ellos explicaban que no se atendería en riguroso orden de llegada, sino en función de la gravedad de la dolencia y sus posibles repercusiones. Imagino que ese triaje que hacen cada día en urgencias fue necesario a la hora de establecer los grupos de personas que se empezarían a vacunar frente al coronavirus y que, en un principio, colocaba en los primeros puestos a las personas más vulnerables y, en segundo lugar, a quienes se están arriesgando cada día curando y cuidando a los miles de personas hospitalizadas.

 

¿Quién podía pensar que habría gente que se intentaría colar para recibir la vacuna antes y en una situación así? Pues cualquiera que conociera este país. ¿O no se le han intentado adelantar en el supermercado para ganar treinta segundos? Pues imagínese cuando lo que están en juego no son unos miserables minutos sino la protección para una enfermedad mortal que se extiende con suma facilidad. Lo que no se podía imaginar nadie es que algunos hicieran valer sus galones para pasar por delante de todos los demás.

 

Sí, los políticos sí que nos representan en algunas cosas. Son una imagen de lo que cultivamos en el resto de una sociedad donde tener contactos, padrinos, influencias, enchufes, amiguetes o concuñados ha sido una puerta más segura que la de hacer valer los derechos al pie de la letra. 

 


¿No conoces a alguien? Es una pregunta que en más de una ocasión me han soltado. Una vez fue tras comentar que me habían dado una cita de especialista para dentro de muchos meses. Y mi respuesta siempre ha sido la misma: quiero poder exigir y reivindicar mis derechos sin tener que pedir por favor algo que, quizá, todavía no me corresponde.

 

Cada vez que nos valemos de influencias o de nuestra posición para colarnos, estamos cometiendo una injusticia con aquellos a los que de verdad les corresponde o a los que más lo necesitan. Se avecinan días difíciles y será necesaria la ejemplaridad de quienes nos gobiernan en el cumplimiento de las normas que, con mayor o menor acierto, nos hemos dado.  Para ser justos y ecuánimes no deberíamos necesitar conocer a nadie en los altos puestos de decisión: debería bastar con conocer nuestros derechos y suministrar a toda la población grandes dosis de sentido común. 
 
Publicado en el diario HOY el 27 de enero de 2021
 

 
 

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