Colchones y ministerios

Una vez escuché que deberíamos cambiar el colchón cada diez años. Me pareció una exageración y que una recomendación así solo podía venir de la asociación de fabricantes. Luego me explicaron que de todos los muebles y objetos que compramos no hay ninguno que utilicemos todos los días, durante tantas horas y con efectos tan determinantes para la calidad de nuestras vidas.

 

El pasado fin de semana hubo cambios en los ministerios. Una vez comentados los detalles y caligrafías de las notas de despedida, me puse a pensar qué ministerios son como los colchones, que se nos pasan tan inadvertidos que los situaríamos en la lista de enseres prescindibles. Si una es abogada creerá que la más importante es la cartera de Justicia, si es policía la de Interior, si es maestra la de Educación, si está enfermo la de Sanidad y si trabaja en el campo la de Agricultura. Pero si dejamos a un lado aquellos ministerios que tienen que ver con nuestras ocupaciones, nos encontraremos con los colchones, esos que usamos todos los días y que no valoramos en su justa medida.

 

Si hoy hablamos de sociedad de consumo es porque ese sustantivo se ha convertido en tan esencial, que lo hemos adoptado como apellido. Todo gira en torno a incentivar el consumo para que crezca la Economía, para que Hacienda pueda recaudar más, para mejorar la Sanidad con lo recaudado e invertir algo más en Ciencia.

 

Antes de que llegara la remodelación ministerial tuvimos que hablar de Consumo con mayúsculas, porque el ministro del ramo había tenido la osadía de grabar un vídeo aconsejando comer menos carne, lo mismo que llevan haciendo la OMS, la comunidad científica, la Agenda 2030 y las páginas webs de casi todas las consejerías de Sanidad y Consumo, de casi todas las comunidades autónomas y de casi todos los colores.

 

En España no se añadió la palabra consumo a un ministerio hasta diciembre de 1981. Habían tenido que morir envenenadas miles de personas con aceite de colza desnaturalizada para que se cayera en la cuenta de que era un asunto vital. Repasen su día a día y se darán cuenta de que pueden pasar semanas sin acordarse de que existe un ministerio de Defensa o de Transición Digital, pero que no hay día que no tengan que hacer una compra, realizar un pedido, reservar una mesa, consultar un extracto bancario, quejarse al servicio de (des)atención al cliente de su compañía telefónica o leer la letra pequeña de la última factura eléctrica en la que parece que le están timando.

 

Hay ministerios que necesitan once palabras para ser descritos y otros que no pasan de tres o de cinco. Si el de consumo lo usamos más de lo que deberíamos, hay uno tan olvidado y maltratado que se lo han dado a Miquel Iceta como premio de consolación. Hay quienes no concebimos la vida humana sin la cultura: sin música, sin arte o sin literatura nuestras vidas se acabarían pareciendo demasiado a las de los animales de esas granjas intensivas donde nunca se hace de noche y no hay ni colchones para descansar.

 

Publicado en el diario HOY el 14 de julio de 2021 




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