Hace cinco años toda la prensa tenía en portada y a cinco columnas la misma noticia. Este mismo periódico era un buen ejemplo, con una imagen del Capitolio asaltado por el Trumpismo en un intento de impedir que el Congreso ratificara a Biden como vencedor en las elecciones de noviembre de 2020. Muchos pensamos que este personaje ya no podría levantar cabeza y que su nivel de desprestigio había tocado fondo, incapaz de desautorizar a aquellos tipos ataviados con cuernos por la sede de la soberanía democrática.
Pero ya vamos sabiendo que las ideas e intenciones del presidente de Estados Unidos, y de sus seguidores en medio mundo, no van a tener ningún miramiento con nadie, se van a pasar por alto cualquier consenso internacional y no se descarta que pongan patas arriba todos los logros y avances que la humanidad había logrado tras el final de la Segunda Guerra Mundial.
Los que ya tenemos algunos años recordamos también otras invasiones relámpago con captura del dirigente local acusado de narcotráfico. En 1989 vivimos casi en directo en Panamá la ejecución sin miramientos de Juantxu Rodríguez, un fotógrafo de treinta y un años nacido en Casillas de Coria y que acompañaba a la periodista y escritora Maruja Torres. No fueron los Bush, ni el padre ni el hijo, dos hombres dedicados a sembrar la paz en el mundo y a ambos se les conoce por haber sido agitadores de avisperos en los que las víctimas siempre acababan estando lejos de Washington o California.
Ahora le ha tocado el turno a otro país más de lo que los estadounidenses denominan su patio trasero, un lugar en el que pueden entrar y hacer lo que les venga en gana, como hace el matón de la clase en el colegio o el mafioso de barrio que tiene a todo el mundo controlado. La diplomacia en este segundo mandato de Trump va camino de convertirse, a pasos agigantados, en un término cuasi arcaico y que en breve tendremos que explicar con una nota a pie de pagina.
Ha sido Venezuela, pero podría haber sido cualquier otro lugar. Con Trump hay una cosa que nos facilita mucho cualquier análisis de intenciones: es tan primario que casi ha confesado que le importa un pimiento la democracia en ese país porque lo que él quiere es el petróleo. Quienes defendemos la paz y los Derechos Humanos sí que tenemos una gran preocupación por lo que está ocurriendo. Si Trump puede hacer esto con Venezuela, ¿quién podrá afear a Putin que no recomponga para Rusia el antiguo mapa de la URSS? ¿Quién podrá evitar que China haga lo propio con Taiwán o se vengue de Japón por sus matanzas del pasado? ¿Qué hará Europa si Trump se apodera de Groenlandia? ¿Y si no hubiéramos calibrado las consecuencias globales de tener en las principales potencias nucleares del planeta a dirigentes que podrían comportarse como monos pertrechados con metralletas?
Es urgente construir la paz y no preparar guerras. Hitler y Trump fueron refrendados por las urnas, pero la Historia nos ha enseñado que lo del primero acabó muy mal y que el segundo nos dirige al abismo.
Publicado en el diario HOY el 7 de enero de 2026

