16 noviembre, 2006

Sobre la sabiduría

Conhece a diferença entre o sábio branco e o sábio preto? A sabedoria do branco mede-se pela pressa com que responde. Entre nós o mais sábio é aquele que mais demora a responder. Alguns são tão sábios que nunca respondem.

Mia Couto. O último voo do flamingo

Este concepto de sabiduría dista mucho del que tenemos en las escuelas. Después de leer este fragmento podríamos pensar que quienes alguna vez dejaron el examen en blanco eran realmente los que dieron la más acertada de las respuestas.


3 comentarios:

Alicia Vernok dijo...

Cómo se llamaba el barrendero de "Momo"?

Pues eso, ser rápido no es ser sabio, es verdad.

(por cierto, hay un libro de mediados los 60, creo recordar, que se llama "El fracaso de la escuela", y que está muy bien).

Puntos de vista y ... nada más dijo...

Me gustaría saber algo más de ese libro. Gracias

Alicia Vernok dijo...

Pues pa eso estamos!

Es de John Holt, de 1969. La edición que tengoe n casa es de Alianza editorial, de 1977.

Es una crítica al sistema educativo americano de la época, pero se puede extrapolar al nuestro sin mucho problema. Te pongo un párrafo:

Desde que empieza la escuela convertimos los libros y la lectura en una fuente constante de posibles fracasos y humillaciones públicas. Cuando los niños son pequeños, les hacemos leer en voz alta, delante de la profesora y demás alumnos, para cerciorarnos de que "conocen" todas las palabras que están leyendo. Lo cual significa que, cuando no conocen una, cometen inevitablemente un error y, además, delante de todo el mundo. Al punto se les hace ver que han hecho algo mal. Quizás algunos de los otros niños levanten la mano y digan: "¡Ooooh O-o-o-o-h!". Quizás se limiten a reirse entre dientes, a darse codazos o a poner caras raras. O puede que la profesora le diga: "¿Estás seguro?", o le pregunte a algún otro niño. Si la profesora es amable, sonreirá dulce y tristemente, con frecuencia uno de los castigos más dolorosos que se puede infligir a un niño en la escuela. En cualquier caso, el niño que ha cometido un error sabe que lo ha cometido, se le hace sentirse torpe, estúpido y avergonzado, como se sentiría cualquiera de nosotros en su situación.
Al poco tiempo, los niños asocian los libros y la lectura con los errores, reales o temidos, así como con los castigos y las humillaciones. Puede no parecer nada lógico, pero así es como ocurre. Mark Twain dijo en cierta ocasión que un gato que se hubiese sentado una vez en la tapa de una estufa caliente no volvería a hacerlo, pero que tampoco se sentaría sobre una estufa fría. Esta observación vale no sólo para los gatos, sino también para los niños. Si, por así decirlo, se sientan en una estufa caliente unas cuantas veces, si los libros representan una fuente de humillaciones y vergüenza, es muy probable que decidan que lo mejor que pueden hacer es mantenerse alejados de ellos.

Cómo hacer que los niños odien la lectura.
El fracaso de la escuela.
John Holt.