23 marzo, 2008

Ampliación de capitales


Alguien muy cercano me contó que cuando tenía cinco años robó una patata frita de la bolsa de una compañera de pupitre. Durante los dos años siguientes vivió las noches atormentada ante la posibilidad de morir sin haber expiado este pequeño latrocinio, ya que no pudo confesarse hasta la víspera de la comunión, con siete años cumplidos. Ni que decir tiene que el cura que la confesó no le dio importancia ninguna al asunto y que la compañera de colegio jamás se percató de que le faltara la patata frita. Así que la pobre criatura vivió presa del pánico y temerosa del fuego eterno sin haber causado graves daños a terceros. Yo de pequeño quise hacer un agujero en la tierra para llegar al infierno, pero unos vecinos me hicieron creer que un pedrusco negro con el que me había topado era el cuerno del demonio. Durante un tiempo me estremecía ver a alguien con pico y pala porque pensaba que Lucifer iba a salir en cualquier momento, puesto que vivía a ras del sótano. Pero esto ya no es lo que era y el infierno ha entrado, como casi todo en la vida, en la vorágine de las modas: el polaco Wojtyla lo clausuró temporalmente y el alemán Ratzinger lo reabre con una ampliación de capitales (de pecados capitales, para ser más exactos). Y es que hay que empezar a pedir aclaraciones para no volver a tener noches de insomnio como las de nuestra infancia: necesitamos saber si el infierno es un solar en el que van a hacer pisos, si lo han sacado a la superficie y ubicado en Irak, si está lleno, si quedan plazas, si cuenta con servicio de bomberos y si tiene un plan de evacuación en caso de incendio.
Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 25 de marzo de 2008.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola otra vez de queridanónima. Este artículo sobre el infierno me ha gustado y me ha parecido muy gracioso y bien escrito, felicidades. Yo quería también recordar también el extraño concepto de LIMBO, que la iglesia inventó para salvar a los niños no bautizados, que quedaban desde entonces volando como cabecitas de angelitos con alas, quien sabe donde. Hace unos años suprimieron el concepto, les parecería ridículo. ¡Qué religión mas seria! Ellos, los infalibles...

Yo crecí en aquel moderno catolicismo (aunque no menos hipócrita y nocivo), para el que el infierno no existía, así que no tuve nunca miedo al infierno. El infierno lo vivía en casa, por eso de pequeña quería muchas veces morir, poco me importaba ir al limbo o al infieno, sabía que no iba a ser peor que lo que yo vivía.

En fin, yo creo que el infierno está aquí, en la tierra, sobre todo dentro de cada uno. Es el destino que te buscas (según vivas o no como piensas, siguiendo tu artículo anterior). No hay mas que ver la cantidad de gente que a veces intenta transmitir a los demás parte de su infierno interior, supongo que como desahogo. El concejal balear viviría su propio infierno. Benedicto debe, a juzgar por su rostro, llevar también el infierno dentro.

Puntos de vista y ... nada más dijo...

Y no te olvides del purgatorio, que nunca he sabido si era un pre-cielo o un infierno light. El limbo me ha dado que pensar mucho, sobre todo desde que decidí que mis hijos se apuntarían a una religión cuando ellos quisieran.

Yo sigo buscando el cielo y lo quiero ya y aquí.