07 junio, 2010

Sindicatos y seguros

Las compañías de seguros no son un dechado de virtudes. Hay algunas que te resuelven los problemas de mala manera y casi todas esconden con letra microscópica una cláusula traicionera. En cambio, son pocos los insensatos que van por ahí sin suscribir algún tipo de seguro porque, a pesar de lo mejorable de muchos servicios y prestaciones, es algo que se nos ha ido quedando en nuestra cultura de lo cotidiano. No ocurre lo mismo en otros países, en los que la palabra póliza se confunde fácilmente con paliza. Aquí también nos han quedado restos de tercermundismo en algunos aspectos de las costumbres vitales y en el ejercicio de la ciudadanía. Así, mientras en los países escandinavos apenas se concibe trabajar sin estar sindicado, aquí se ha extendido el bulo de que hacerlo es meterse en jaleos, ser un protestón o un buscador de líos. Incluso nombras la expresión caja de resistencia y algunos van a buscarla junto a la de los fusibles. Si me pusiera a detallar aspectos criticables de cada sindicato me quedaría sin espacio en la columna, pero hoy me parece más preocupante la estigmatización casi unánime de cualquier tipo de reivindicación colectiva contraria a los intereses de los poderosos. El descrédito fabricado ha calado en capas sociales desfavorecidas, se despotrica mucho donde no hace falta, y al final no se acierta en relacionar los problemas con sus causas. Hoy hay parados y trabajadores precarios que creen que les favorecerá una reforma laboral llena de barbaridades, como la propia Esperanza Aguirre reconoce, y siguen pensando que eso de sindicarse es como hacerse un seguro en Burundi.

2 comentarios:

Luís Leal Pinto dijo...

¡Qué excelente texto! Me encanta la comparación y el texto es de los más sencillos pero, sin embargo, de los más interesantes que he leído últimamente sobre el tema.
Personalmente tengo una relación con los sindicatos que refleja un poco lo que tú expones en tu crónica, reconozco su valor y merito en la sociedad moderna y dicha democrática, pero no me siento representado como profesional, ciudadano y persona.
La estructura y profesionalización de los sindicatos, algo parecido con lo que pasa con la política actual, ha desacreditado el movimiento sindical que siempre sirvió de apoyo a los trabajadores en momentos en que incluso eran prohibidos, adviértase lo que se ha pasado en el siglo XIX en América el día 1 de mayo, que hizo con que ese día fuese una efeméride dedicada a quien trabaja.
En mi familia hay tradición sindical, desde mi punto de vista, de dos tipos: la que es digna de la confianza de los trabajadores y la que no es.
Mi padre fue delegado sindical un par de años y fue un intermediario entre los funcionarios del ferrocarril y el sindicato independiente, tenia derechos como delegado sindical pero nunca disfrutó de ellos por creer que debería de estar ahí junto a sus compañeros y predicar con el ejemplo. Esto en los 70 y 80.
Por el otro lado, hay otros familiares que critican la administración, son sindicados y con cargos en sindicatos afiliados partidos políticos, disfrutan de derechos del sindicato para provecho propio y no para la labor sindical. Además de eso lo dicen sin problemas en vez de predicar con el ejemplo. Ejemplos de estos hay centenares por esta Europa y no me extraña que la gente que también trabaja y no disfruta de este estatus, que incluso aparta profesionales de su puesto de trabajo durante años, no reconozca moral y, muchísimo menos se sienta representada por estos malos sindicalistas.
La cosa no es tan lineal, ni sencilla, hay buenos y malos profesionales en todos los sitios, pero me gustaría sentirme más representado por este colectivo, encontrarlos más veces en el terreno, que tuviesen un par de horas semanales ejerciendo su profesión, que siguiesen más contextualizados y menos adoctrinados. En fin, como me gustaría no haber descubierto que mi compañero comunista de la universidad era quien, al final, robaba los libros de la biblioteca pública… ese día ha muerto algún romanticismo de izquierdas que tenía en mí, pero sigo luchando para mantenerlo vivo.
Un fuerte abrazo,

Puntos de vista y ... nada más dijo...

Luís, ¡qué difícil es ser coherente en la vida! Pero sigo pensando que es lo más importante. Siempre es mejor dejar de hacer algo o no conseguirlo, antes que traicionar a tus propias ideas y criterios éticos. Quien no vive como piensa termina pensando como vive. Tu compañero que robaba libros de la biblioteca pública era cualquier cosa menos comunista.