17 enero, 2011

Obsolescencia y decrecimiento

 
En la campaña electoral de 1993 escuché por primera vez el concepto de obsolescencia programada. Recuerdo que en una de las tertulias de Jesús Hermida hubo alguno que se hartó de reírse y ridiculizar al político, sobre el que bromearon en torno al adjetivo obsoleto. El domingo de la semana pasada nos ofreció La 2 un documental sobre cómo se organiza la producción industrial. Todo lo que utilizamos podría tener una duración mucho más larga, pero está predeterminado para que tengamos que convertirlo en basura antes de lo debido. El documental acababa hablando de decrecimiento, un concepto sobre el que tendremos que debatir muy seriamente en los próximos años. La verdad universal de la economía se basa en que hay que producir más, vender más, transformar más materias primas, consumir más energía para que las cuentas de resultados tengan más beneficios que el año anterior y puedan repartir más dividendos. Seguimos viendo como lejano el día en que los recursos finitos del planeta digan basta, quizá porque pensamos que nos vendrá poco a poco. Pero no es así. Carlos Taibo cuenta en sus conferencias sobre el decrecimiento que esto es como un estanque en el que cada nenúfar reproduce otro cada día. El primer día del mes hay uno solo y el día 30 el estanque está totalmente cubierto. ¿Qué día estará el estanque cubierto a la mitad? No, no es el día 15 sino el día 29. O planteamos un sistema económico sostenible o la naturaleza acabará por ponernos a todos en su sitio. Llegan tiempos de pensar en cosas nuevas: el capitalismo de hoy tiene también una obsolescencia programada. Y está al caer.  

2 comentarios:

Despotrikator dijo...

Tengo que confesar que era bastante escéptico sobre la viabilidad de la propuesta decrecentista. Hace un par de años o algo menos leí "La apuesta por el decrecimiento" de S. Latouche y luego he leído más cosas. Ahora veo que lo que es realmente quimérico es la idea de crecer indefinidamente.

Un saludo

Puntos de vista y ... nada más dijo...

Me temo que, dentro de unos años, no ser decrecentista será diagnosticado como síntoma de padecer tendencias suicidas.