18 junio, 2012

Eufemismos


La organización mundial de la salud debería estar preparando planes para atajar la epidemia de eufemismos. Empezaron los practicantes, que pasaron a denominarse ATS y luego llegaron los maestros, a los que se convirtió en profesores de EGB. Después los ciegos pasaron a ser invidentes y los países pobres de solemnidad entraron en unas vías de desarrollo. Ahora el análisis de cualquier hecho viene acompañado de su experto en eufemismos, alguien que convierte un rescate en una ayuda, una crisis en una recesión, un robo en un desajuste contable y una pésima gestión en imponderables sobrevenidos. Me pregunto si los asesores lingüísticos y de comunicación se creen tan listos como para engañarnos a todos y hacernos creer que el drama de los parados es menor cuando se les denomina desempleados, que los recortes duelen menos si se les llama ajustes y que el despido laboral se sobrelleva mejor si te comunican por e-mail que prescinden de tus servicios. Ya están bien lejos de la memoria aquellos días en los que se nos prometía llamar al pan y al vino con sus nombres más comunes. Esta noche tendremos nuestra última ración de calmantes, noventa minutos para demostrar a Europa y al mundo que somos los mejores y que tocamos muy bien la pelota, con más arte y calidad que nadie. Se suponía que ganar el mundial de fútbol incrementaba un 1% el PIB, han pasado dos años desde que Iniesta marcara en Johannesburgo y toda la prima que cobraron nuestros futbolistas acabó tributando en aquel país. Creen que somos tontos, pero es tiempo de eufemismos y quizá nos consideren, simplemente, seres de capacidad diferente. 

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 18 de junio de 2012.

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