05 noviembre, 2012

Para vivir


Ayer la fila de coches para entrar en la capital de España llegaba casi a Talavera de la Reina. La Comunidad de Madrid sumó un millón de habitantes en una década y se ha convertido, como dijo Joaquín Sabina, en un territorio insufrible pero insustituible. Es por eso que en cuanto hay más de dos días festivos la estampida hacia espacios más habitables se convierte en casi una obligación. En cambio, los paraísos rurales buscados por los millones de personas que padecen el caos urbano se despueblan cada vez más y no solo no consiguen atraer a nuevos habitantes, sino que ni siquiera logran fijar a los que ya tienen. En la propia Extremadura se aprecia un aumento de población en las grandes ciudades a costa de dejar cada vez más vacíos los pueblos, y en Portugal es dramático el abandono del interior y la aglomeración en el litoral. La despoblación rural debería ser uno de los principales asuntos de la agenda europea y se está relegando, incomprensiblemente, en la lista de urgencias. Si no creamos las condiciones para que en los pueblos y aldeas de Europa, además de la tranquilidad y del paisaje, se mantengan unas condiciones de vida que no sean sustancialmente peores en educación, sanidad o asistencia social, estaremos propiciando el desastre continental de desvertebrar nuestros territorios. La semana pasada, en un viaje desde Badajoz hasta Alqueva, pude disfrutar de imágenes y pueblos con posibilidades de convertirse en un atractivo paraíso para quienes huyen del mundanal ruido, en un tranquilo mar interior. Solo falta propiciar que nuestros pueblos sean lugares donde se pueda vivir, bien lejos del atasco.

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 5 de noviembre de 2012.

Fotografía tomada el pasado martes 30 de octubre de 2012, entre Cheles y Villanueva del Fresno, junto a las aguas de Alqueva.

1 comentario:

À toa dijo...

Linda fotografia! Adorei! : )