21 octubre, 2013

Adiós muchacha



Entre mis películas favoritas está la que dirigió Louis Malle en 1987 y cuyo título original era Au revoir, les enfants. No desvelaré desenlaces de esta impactante historia, que recomiendo vivamente a quien todavía no la haya visto, y que estaba ambientada en un colegio francés durante la segunda guerra mundial. Alguna de aquellas escenas me recuerdan a lo sucedido hace unas semanas con Leonarda Dibrani, una muchacha kosovar y a la que la fuerza pública mandó bajar del autobús durante una excursión escolar para deportarla. Lo que son las cosas: cuando Leonarda apenas tenía meses de vida estaba nuestra querida OTAN bombardeando ciegamente a los serbios para salvar a los kosovares; ahora le toca hacer el camino de vuelta y nos reafirma que aquellas bombas no se preocupaban nada de la condición humana y mucho de la geopolítica.


Escuché la voz de esta chica en la radio, relatando en un francés bastante correcto cómo se abrazó a su profesora para impedir la deportación, y he de confesar que sentí una mezcla de rabia y desazón: rabia por la impotencia de ver como el milenio rebobina su historia y nos repite pasajes de la segunda mitad del siglo XX que creíamos superados; y una profunda desazón cuando reparas que es un autodenominado socialista, Manuel Valls, quien está detrás de una medida tan repugnante como la de arrebatar a una alumna de entre sus compañeros por razones de raza, origen o nacionalidad. Si para impedir el ascenso de Marine Le Pen se opta por imitarla y superarla es porque una mezcla de torpeza, maldad y despropósito se han conjugado en una sola persona. Adiós muchacha, debió de decirle su profesora a Leonarda cuando se la llevaban.

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 21 de octubre de 2013.

Nota: *Aquellas personas que no han visto Au revoir, les enfants deberían abstenerse de reproducir el vídeo que ilustra este post y que desvela el final de la película.



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